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24 Noviembre

Para evitar el desperdicio

Escrito por  DIOGENES DIAZ CARABALÍ

Sin duda las consultas internas de los partidos es un ejercicio democrático que garantiza la participación de sus militantes, más cuando se trata de un tema tan importante como la escogencia de un candidato al primer cargo de la nación. El estado, de Derecho, debe garantizar y financiar las consultas, por lo tanto no es despilfarro ni desperdicio si se trata de elevar el ejercicio democrático y que quienes aspiren a la presidencia tengan en realidad respaldo popular. El problema es ¿hasta dónde el estado puede cohonestar el desperdicio si el partido en consulta representa una franja mínima de los colombianos?

La presente reflexión es válida en momentos que se discute la inversión hecha para la realización de la consulta Liberal, tan pobre por su participación, demostración de que sus candidatos no movían la opinión pública, sin que la misma consulta dejara alternativa para rechazar a los dos candidatos en forma práctica y que existan medidas que permitan castigar esa posición, porque se volatiliza al no existir evidencia del rechazo.

Desde luego, los políticos han demostrado incapacidad para realizar reformas de peso que toquen sus intereses, pero la consultas se podrían regular para evitar el despilfarro y para que haya castigo a quien se presente sin respaldo popular. Se podría, por ejemplo, castigar al partido que no reúna los mínimos de votos. Podría haber unas exigencias mínimas para que un partido se presente a consulta. Que por lo menos el resultado se ajuste, no sé qué, a un porcentaje del potencial electoral, que la consulta se realice en sectores donde el partido tenga representación en las corporaciones públicas, que un mínimo de firmas de ciudadanos soliciten ante la autoridad competente la consulta.

Pero también, en caso de no reunir los mínimos establecidos por la ley, que el partido en consulta no pueda presentar candidato a las elecciones a la presidencia. Es el caso del Partido Liberal que ni siquiera llegó al 10% del potencial electoral. Pero también que la consulta sea una norma general para todos los partidos, como manera de cubrir la democracia frente a caudillismos que la pongan en peligro. Curaría que un personaje  con ínfulas populistas o dictadorzuelas se presente a la presidencia y se aloje allí sin posibilidades de ser relevado, porque elegido forma una camarilla que lo sostiene, ejemplo que vemos en las goteras nuestras, de izquierda o de derecha, y que han llevado a sus países a la catástrofe y a su población a la miseria.

Especulando, porque el Congreso siempre ha demostrado su incapacidad para realizar reformas a fondo de nuestro sistema político tan presto a la corrupción, a la trapisonda, a favorecer a quienes se creen con derecho propio de dirigir los destinos del país más desigual del mundo, con unos áulicos prestos a defender mesías, no Macías, así solo tengan título de bachiller en un establecimiento de garaje. Ojalá algún día nuestros políticos lean la realidad política del país y los riesgos de una democracia de papel, donde las ideas, pensar diferente, es el peor crimen.   

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