All for Joomla All for Webmasters
18 Noviembre

El nuevo orden del campo próximo

Escrito por  DIOGENES DIAZ CARABALÍ

Ese sentimiento de campesinos de quienes viven en las ciudades está causando un daño evidente en las despensas agrícolas que necesitan las comunidades urbanas. Ese sueño en Máximum de tener una parcela, una servidumbre en pequeñas franja de terreno en la periferia de la ciudad está agotando la productividad y desplazando a los verdaderos productores agropecuarios, para lo que en nuestra agresiva libertad de mercado de la tierra no cuenta con ninguna regulación ni restricción. Es un sueño de  los pequeños burgueses tener una finca de recreo, manchas de un verde sintético con plantas ornamentales muchas veces dañinas, donde se construyen casas lujosas, zonas de grama para el asueto desocupado y temporal de quienes ansían contar con una parcela.

En aparente vida rural, las parcelaciones se usufructúan de los servicios públicos de las ciudades, se sirven del agua, de la energía eléctrica, de las vías carreteables generalmente frágiles, hechas para el acceso de los campesinos, de las que ellos nunca han contado. Trasladan las comodidades y las suntuosidades, los establecimientos educativos y los servicios generales porque los nuevos habitantes tienen poder político, hacen que los antiguos habitantes se conviertan en sus porteros, en sus sirvientas, en sus jornaleros, y el resto desplazados ante la oferta atractiva de comprar predios por valores que no les alcanza sino para engordar los barrios de la periferia en las ciudades.

En la cuna del capitalismo, los Estados Unidos, la tierra pertenece a quienes la trabajan, y existen fuertes restricciones a través de gravámenes tributarios altos para su acceso, lo que ha hecho que se mantengan las reservas productoras de alimentos. Parcelar una finca es tan costoso que desestimula esa creciente costumbre nuestra de “vivir en el campo con las comodidades de la ciudad”, en vista a que hay que proteger la productividad agropecuaria incluyendo la tenencia de la tierra. Europa cuenta con normas mucho más radicales en este sentido, y la propiedad inmueble fomentada es la de carácter vertical, por los costos del suelo y por defender las despensas productivas y la fuente económica, social y cultural de los habitantes rurales.

Nosotros, con esa costumbre de reaccionar tarde, no hacemos nada por conservar las despensas agrícolas. Tierras fértiles cercanas a los centros urbanos, con facilidad de acceso, lo que disminuye los costos de la producción de alimentos, son sometidas a drásticos procesos urbanísticos sin contar con que vamos agotando las zonas productivas, cuando no las invadimos con proyectos industriales contaminantes o las inundamos para construir presas o sitios de recreo. Es hora de voltear la mirada al campo, y eso implica ajustar normas que protejan y desestimulen el mercado desaforado del suelo, en una actitud de peligrosa especulación, ofreciendo panaceas para una pequeña burguesía que en lo que menos piensa es en la producción de alimentos que toda la población necesita. Restringir el proceso de parcelación del recurso tierra en las periferias de las ciudades sería una sana medida.

Visto 48 veces
Valora este artículo
(0 votos)

Deja un comentario

Su opinión
Escriba su comentario