Lunes, 28 Octubre 2019 00:00 Escrito por
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Debo empezar por  agradecer las varias manifestaciones de solidaridad con el texto de mi columna del pasado 28 de septiembre “Visión enana del desierto de la Tatacoa”, escrita después de mi experiencia con  motivo de mi paso por el desierto de Arizona E.U. un espacio  de singular  belleza y con riquezas  naturales  semejantes a nuestro desierto del norte del Huila. La intención de escribirla fue llamar la atención  de mis lectores sobre la  forma como aquí en el Huila estamos  destruyendo el desierto de la Tatacoa, como si no pensáramos en su importancia natural y  turística   para las  futuras generaciones.

 

 

Decía en dicha  columna que el desierto  de Arizona, en el área que conocí, era un espacio totalmente  protegido de los abusos humanos  que destruyen su  naturaleza, algo que en Villavieja  no ocurre, pues  pareciera que no existe una conciencia  ciudadana ni interés alguno de las autoridades municipales, departamentales ni de la CAM por conservar este regalo de la naturaleza. No comprenden ni unos ni otros, autoridades y turistas, los riesgos a largo plazo por  la fragilidad erosiva de sus suelos, como tampoco  la importancia de defender su vida  silvestre. Al paso  que vamos,  en algunos años no será más que un arenal sin colinas, víctima de la falta  de conciencia ambiental que lo cuide para el futuro. En el desierto de Arizona sus miles de  visitantes no pisan una cuarta de su suelo, no pueden salirse de la vía ni de los  parqueaderos y sitios de observación adecuados  para tal  efecto. Aquí el desierto lo pisotean, lo erosionan y lo maltratan de múltiples  formas con motocicletas, carros, construcciones y con  festivales musicales que a la larga le harán perder el encanto de su configuración natural.

 

Según este  periódico en su  edición  del pasado domingo, hace algunos  días se llevó a cabo  un evento  de música electrónica  que desafía desde  hace  varios años toda  lógica en la protección de la naturaleza de este desierto. Más aún, cuando distorsiona su papel de paraíso  para la astronomía  y lo tornan en punto  de encuentro de muchos jóvenes para el consumo de drogas. De esta manera el destino de este desierto no es otro que la degradación de su naturaleza y el fomento del vicio como consecuencia de anteponer los intereses  económicos de algunos en vez de su preservación para  garantizar un turismo sano. Todo esto con la  connivencia de autoridades que no han tenido una  visión  para estudiarlo, delimitarlo, invertir en infraestructuras apropiadas para el turismo  responsable  y convertirlo en un sitio mundial  para las ciencias  naturales y de astronomía. La Nación debe darle la categoría de Parque Nacional Natural. De otra manera a largo plazo desaparecerá  como lugar atractivo para el turismo,  víctima de la irresponsabilidad de funcionarios  públicos y de la clase política local,  regional y nacional que desde  hace muchos años menosprecian este hermoso espacio como lugar  para generar cultura, conocimiento, empleo y  desarrollar el norte del Huila.

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