Viernes, 25 Octubre 2019 00:00 Escrito por
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Es de Perogrullo que en la época electoral se oiga, se diga y se vea, con una regularidad pasmosa, infinidad de discursos, posturas y manifiestos donde palabras como democracia, pueblo y voto sintetizan la vida política de la sociedad colombiana. Y, con ello, los medios de comunicación llenan el espacio social con la idea que se vive en el mejor de los mundos, porque de dicho concepto se sustrae la cotidianidad del electorado marcada por la inequidad, objetivada en distancias que alimentan soberbias y sumisiones.

 

Entonces, votar por el mejor candidato, en teoría, se vuelve el ejercicio de la democracia, porque, sencillamente, es la práctica autónoma e inteligente del elector. Y para que esto suceda, el espacio electoral se sustrae de pancartas, pregoneros y propagandas, asepsia política que purifica el voto. Atrás de esta frontera queda dispersa por el piso, periódicos, chapolas, programas, para conformar estéticamente la basura del hecho electoral. Consumado el voto, solo le queda al votante esperar los resultados, nuevo escenario donde se convierte en ganador o perdedor, mientras los mentores políticos del éxito o fracaso se solazan armando el gabinete por donde circula la corrupción para los perdedores o la participación equitativa para los grupos políticos triunfadores.

 

Todo esto es espejismo. El resultado lo demuestra. Los ganadores son los mismos con las mismas. Y, como dijera Gaitán: “al pueblo nunca le toca”, porque lo único que puede hacer es aplaudir el resultado o criticarlo en los espacio privados porque si la crítica se vuelve manifestación ya no son el soporte de la democracia sino enemigos de la misma.

 

Y, llegado a este punto del teatro eleccionario, desaparece, como por encanto del discurso político, la palabra pueblo, ciudadano o elector, para reinstalar la cruda realidad donde el ciudadano se ve desprotegido, recordando la manera como en el periodo electoral era llevado y traído con promesas de un mundo mejor. Por eso los períodos de gobierno para los elegidos son cada vez mayores, para que en ese espacio-tiempo se vuelva armar nuevas distancias argumentadas para hacer necesario el nuevo periodo electoral, donde vuelve y juega la pantomima para poner a andar nuevos discursos con nuevos protagonistas, donde si uno esculca son los mismos con las mismas.

 

Esto no quiere decir que no haya salida posible, lo único cierto es que este ordenamiento del ejercicio de la política no es una naturaleza inmanente a la cosa pública. Lo que sucede es que no hay un camino, porque como dijo el poeta se hace camino al andar. Quien hable de un camino de salvación es necesario verlo en su contexto, porque lo que si es cierto es que si el pueblo es el soporte de la democracia, es este el que debe llenar el espacio político pero no a través de sus representantes sino como una expresión manifiesta de su propuesta humana que satisfaga sus necesidades y requerimientos sociales y políticos. La cosa no es de discursos. Es y debe ser una expresión de una democracia popular olvidada por los pensadores sociales y políticos porque como cosa simpática lo popular se vuelve populismo y la economía social un socialismo rebuscado. El problema, entonces, es resolver como esta dicotomía expresada en el documento se resuelve no a favor de todos, esto es un eufemismo, sino a favor de las mayorías quienes con su voto son los que hacen vigente la democracia. Solo con ellos son posible las mayorías y las minorías.

 

Esta simplicidad es la complejidad de la política. Entonces, elegir o no elegir, no es el problema. El foco de atención es el modelo de comunidad política que debe estar al mando de las cuestiones fundamentales para salir del atolladero de una persistente desigualdad que recorre el mundo produciendo colapsos con su secuela de muertes y destrucciones irreparables. Por tanto votar conscientemente es pensar en este dilema y este comienza a resolverse haciendo consiente el acto de votar, no repetirlo como una secuencia partidista sino en el horizonte de construir algo nuevo donde se refleje toda la complejidad del mapa humano colombiano.

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