Sábado, 28 Septiembre 2019 00:00 Escrito por
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El desierto de la Tatacoa es una de las maravillas de nuestra naturaleza tropical. Sin embargo, el Estado colombiano ni el pueblo huilense han sabido valorarlo y protegerlo como reserva natural, ni como una de las grandes fortalezas del turismo nacional e internacional. Esta es la conclusión a la que llegue  después de haber recorrido buena parte del desierto de Arizona en E.U. cuando me trasladaba hacia el Cañón del Colorado en el pasado mes de agosto.

 

El desierto de Arizona es inmenso y visitado por millones de turistas. La ruta seguida a partir de Phoenix, capital de este Estado, nos permitió a quienes hacíamos este recorrido, conocer sus maravillas naturales, muchas de las cuales son similares a las de nuestro desierto del norte del Huila. La gran diferencia radica en que el desierto de Arizona es un Parque Nacional y, como tal, está protegido contra toda suerte de posibles abusos de los visitantes, algo que no sucede en la Tatacoa en donde cualquiera puede penetrarlo y causar daños a la naturaleza, a pie o en moto, construir viviendas, hoteles, piscinas y en general urbanizar su territorio, causando erosión de los suelos y, en consecuencia, destruyéndolo a largo plazo.

 

En el desierto a Arizona, los visitantes no pueden dar un paso por fuera de la vía porque significa destruir su naturaleza. Los vehículos solo pueden ser parqueados en espacios adecuados para ese fin. No hay allí construcciones de ninguna especie. Los hoteles existen a cincuenta kilómetros de recorrido en dirección al Cañón del Colorado o hacia la ciudad Phoenix. En la zona tan sólo existe una capilla y un pequeño supermercado en una pequeña planicie en donde venden suvenires, bebidas, elementos de viaje y ofrecen los servicios sanitarios. Esta forma de manejar el turismo obedece a la visión de largo plazo del gobierno para proteger la naturaleza y la fauna silvestre, haciéndolas intocables.

 

El desierto de la Tatacoa está muy lejos de operar así. No existen controles efectivos ni guías expertos que promuevan la protección de su naturaleza. A lo cual se suma la falta de educación de muchos de los visitantes. Lo ideal sería   hacer de este desierto un de epicentro de conocimiento de las ciencias naturales. Pero desafortunadamente de la Tatacoa nuestros gobernantes y funcionarios públicos, tienen una visión enana que impide construir una política turística y educativa a largo plazo que conduzca a construir futuro para ese gran lugar.

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