Viernes, 20 Septiembre 2019 00:00 Escrito por
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En estos días mi esposa me notificó que no volverá a ver noticieros; está harta de tantas malas noticias, de enterarse a través de estos medios de la magnitud y la amplitud de la corrupción rampante, de la proliferación de desvalidas víctimas de la injusticia y la desfachatez de los aprovechadores del erario y de las comunidades vulnerables.

 

A diario, somos receptores mudos de la información sobre las terribles consecuencias que tiene sobre la sociedad las decisiones que toman quienes gobiernan, ya sea en el territorio nacional, regional o municipal y en las tres ramas del poder:  quien legisla, quien administra justicia o quien cumple funciones ejecutivas; al mismo tiempo contribuyen a este desolador panorama quienes optan por la delincuencia, como forma de vida; nos lamentamos por la sistemática defraudación de los recursos públicos, identificamos la medida de su impacto, pero curiosamente no coincidimos en reconocer su procedencia, su origen; discrepamos incluso en la apreciación de la naturaleza de estos delitos; la razón de estos desacuerdos se encuentra en los intereses que cada quien defiende, según su posición de clase.

 

Esto explica que el Uribismo, el Santismo y todas las tendencias afines a los detentadores del poder, continúen defendiendo el modelo económico, a pesar de sus inocultables perjuicios para las inmensas mayorías, pero generoso con las multinacionales y sus calanchines criollos. Que aplaudan la gestión de una ministra que pretende entregar al sistema financiero y en particular a los bancos de Sarmiento Angulo, algo mas de un billón de pesos del erario para cubrir las obligaciones que ellos mismos dejaron de atender en la trama de corrupción de los contratos de Odebrecht.

 

En el amplio espectro de medios de información sobresalen quienes presentan la noticia con el tinte amarillo que captura fácilmente la atención del público y regularmente se presentan las noticias de acuerdo con la conveniencia del propietario del medio y de sus anunciantes, esto por supuesto tiene una intencionalidad: privarnos de un análisis reflexivo de los acontecimientos.

 

La concentración de la propiedad privada de los medios y de las pautas, hace imposible mantener una línea de comunicación independiente, si se le suma que la propaganda oficial camina en la misma dirección y dada la debilidad de medios públicos, la objetividad y la imparcialidad se encuentran capturadas, con lo que la sociedad pierde un valioso instrumento de formación de opinión. Por ello resulta tan grave el cerco tendido por el establecimiento para silenciar a Noticias Uno.

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