Jueves, 19 Septiembre 2019 00:00 Escrito por
Valora este artículo
(0 votos)

 

El pasado 16 de septiembre, el gobierno y la oposición venezolanos firmaron un acuerdo de entendimiento, por lo demás básico, sencillo, pero al final de cuentas acuerdo, como principio para trabajar la paz en su país. Es algo que para los medios colombianos ha pasado inadvertido tal vez por la metida de pata de nuestro Duque cuando quiso intervenir en la autodeterminación que les asiste a los vecinos. Sin duda, en su tradicional sectarismo, hasta religioso, no vieron, el gobierno y su partido, que los gringos, previo al acuerdo, habían bajado el tono, y Trump en su ansia de petróleo, cobalto y oro cambiaba de postura, llegando incluso a destituir al Señor de la guerra desde los Norteamericanos, John Bolton. Los venezolanos, sin arrogancia, celebran este acuerdo como trascendental, consistente en el regreso de los diputados gobiernistas a la Asamblea Nacional, garantizar imparcialidad en el sistema electoral, excarcelación de miembros de la oposición siempre y cuando estén detenidos por actividades políticas, llamado a la comunidad internacional a la solidaridad en la construcción de la paz de Venezuela, a aportar en lugar de bloquear.

 

Que lejos su acuerdo del firmado por Santos, tan ambicioso pero incumplible. Es que nosotros nos hemos llenado de apelativos, desde ambas orillas; el conflicto nacional que padecemos se ha llevado al ámbito de las heridas personales, buscamos el exterminio del contrario, o de algo que se le parezca, de allí las masacres, los asesinatos selectivos, el lenguaje bélico predominante, la orden de dar de baja al contrario. En esta Colombia, de alguna manera, todos nos hemos convertido en objetivo militar. Basta el ejemplo del periódico para el cuál colaboro, Proclama del Cauca, declarado como tal. O la masacre de una candidata y su familia, de un municipio que no representa poder alguno para el establecimiento o para el conflicto. ¿En que afecta o desbalanza el conflicto este tipo de hechos? Es solo la locura, más que la guerra, lo que ha causado tal distanciamiento descivilizado.

 

Una cosa importante tuvieron los venezolanos para llegar a este acuerdo: siempre mantuvieron las puertas abiertas para el diálogo; siempre mantuvieron contactos secretos y de alto nivel para explorar condiciones que les permitiera ventilar una salida. Incluso con el gobierno del presidente Trump mantuvieron siempre la disposición y los contactos en la línea del respeto. Nosotros, en cambio, digo nuestros dirigentes, es más los insultos que profieren por los medios de comunicación afincados en la espectacularidad de la noticia, que el deseo de construir acuerdos. Pueden más los calificativos odiosos e inútiles que la disposición de construir un ambiente abierto al diálogo para llegar a un acuerdo que nos saque de esta matanza que en pocos años va a arribar al siglo, como vergüenza para el mundo y, lo más importante: como vergüenza para las futuras generaciones, que sin duda se seguirán matando, porque es el único legado que les dejamos, es la única enseñanza que les hemos inculcado.

Visto 756 veces

Deja un comentario

Asegúrese de introducir toda la información requerida, indicada por un asterisco (*). No se permite código HTML.