Miércoles, 28 Agosto 2019 00:00 Escrito por
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Arde la amazonia y el fuego devora plantas, bosques, animales, desplazando poblaciones indígenas y campesinas. Es un patrimonio que nos pertenece a todos los habitantes del planeta y su destrucción contribuye al cambio climático, intensifica el calentamiento global y amenaza  la supervivencia de la especie humana y de la biodiversidad.

 

De los siete millones de hectáreas amazónicas se han destruido dos millones aproximadamente en Brasil, Bolivia, Paraguay y Colombia.

 

La amazonia con el macizo colombiano son considerados reserva de la biosfera, patrimonio de la humanidad y el primer pulmón del mundo como generadores de oxígeno y agua.

 

Tradicionalmente y dentro de las costumbres rurales  está la de quemar la tierra  para limpiarla y volver a sembrar. Talan los bosques y los queman arrasando no solo lo que aspiran a cultivar sino que el fuego destruye las zonas aledañas.

 

Los movimientos ambientalistas han  logrado que la mayoría de países prohíban esta costumbre que esteriliza, erosiona y destruye la capa vegetal, pero las políticas desarrollistas que buscan el interés económico de multinacionales  han logrado que gobernantes como Bolsonaro en el Brasil  promueva sus políticas de desarrollo agroindustrial  y de explotación maderera de la mano de terratenientes y empresarios , destruyendo la selva amazónica, quien volvió a autorizar las quemas  y cuando los incendios y conflagraciones se desbordan responsabiliza y culpa a la oposición especialmente a las Organizaciones sociales y ambientales no gubernamentales . Bolsonaro en su campaña anuncio  que en su mandato no iba  a proteger ni un milímetro de tierra que pudiera  explotarse. Ejemplo que han seguido algunos mandatarios  como Evo Morales en Bolivia quien autorizo a los indígenas y campesinos para que cada uno tale 20  hectáreas  y las queme, justificándolas con el argumento que si los campesinos y pequeños productores no queman de que van a vivir.

 

En Colombia están prohibidas las quemas pero se falla en su control y cumplimiento, por lo que hay más perdidas de bosques por el fuego de las quemas que por la tala y deforestación. En 2018 por quemas fueron destruidas 200.000 hectáreas de bosques y por deforestación 135.000 hectáreas especialmente en departamentos que hacen parte del macizo colombiano y la selva amazónica como el Caquetá y Putumayo.

 

Como en la visión profética de San Juan  se   escucharan  el retumbar de las trompetas apocalípticas y verán llover sobre la tierra granizo, fuego y sangre, que incendiara los bosques y la tercera parte verde del planeta

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Documento publicado originalmente en lanacion.com.co

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