Domingo, 24 Marzo 2019 00:00 Escrito por
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El 19 de noviembre del año anterior, en la plenaria de la ONU, la mayoría de los países acogió una Declaración relacionada con los derechos de los campesinos y los trabajadores de las zonas rurales, en la que se destaca su papel en la seguridad alimentaria, la preservación de la biodiversidad y su potencial aporte a la mitigación del cambio climático.

La contribución en estos temas vitales para la humanidad, hacían pensar que no habría ninguna oposición, pues es tan obvio que podría compararse con una propuesta sobre los derechos de los niños; sin embargo, la realidad sorprendió con la negativa de 7 naciones y la abstención de 49 entre las que se destaca la del representante del gobierno colombiano.

Podría pensarse que se trató de una equivocación, si no existieran antecedentes que explican la deplorable conducta de quienes han gobernado a la nación.

Las obligaciones derivadas de suscribir Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos, la Unión Europea y otros, que han lesionado seriamente la producción agraria e industrial; impiden aprobar un documento en el que se defiende el derecho de los campesinos a emplear la mejor parte de su cosecha para producir semilla para sus cultivos, pues así se cuestiona la obligatoriedad del uso de semillas certificadas o transgénicas, negocio de las transnacionales; se pone en entredicho continuar aplicando toneladas de abonos químicos que terminan esterilizando suelos para mejorarlos con abono orgánico; en lugar de mantener aplicaciones de herbicidas, fungicidas, insecticidas y compuestos que ponen en peligro hasta la salud humana, como el glifosato, se sugiere el control biológico; en fin opciones que pretenden minimizar los daños ocasionados por una producción intensiva en capital, de la cual sus mayores beneficiarios son unas pocas corporaciones que controlan de abajo hacia arriba todo lo relacionado con la explotación del agro y que en su provecho, inundan nuestro mercado con productos extranjeros, reduciendo sustancialmente la participación del agro en la generación de riqueza y puestos de trabajo; además pretenden recetarnos idéntico menú a todos en el mundo; con el riesgo de enterrar en el olvido las delicias culinarias de las regiones.

Chupan como sanguijuelas la riqueza producto del trabajo de los agricultores, comprando a la barata sus cosechas y luego esquilman a los consumidores con precios de especulación. El compromiso del gobierno con esas grandes corporaciones prevalece sobre sus obligaciones con el pueblo que los eligió, esto explica el despreciable voto en la ONU.

 
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