Miércoles, 10 Febrero 2021 10:39 Escrito por
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Los relatos de Calderón: El ICBF debería no olvidarlo

 

Hoy voy a referirme a uno de los tantos casos de mi vida que, siendo Director Regional del Huila y Caquetá del ICBF (1972-1978), me impactaron profundamente. Fueron muchos, pero en adelante mencionaré sólo unos pocos.

En ese tiempo el ICBF estaba empeñado en expandir su presencia por todo el territorio nacional, a nivel urbano y rural, no solo creando servicios de atención a la infancia, sino desarrollando una gran labor pedagógica en las familias sobre el valor y la atención educativa y nutricional de los niños.

Fue así como una vez partí con algunos colaboradores para el caserío de El Paraíso en Algeciras, sin informar previamente de nuestra presencia. Llegamos, nos acercamos a una casa y le contamos a la señora quienes éramos y qué queríamos hacer en ese poblado. Enseguida ella partió para donde sus vecinas a informarles de nuestras intenciones. Al cabo de media hora se nos acercaron como 15 madres de familia quienes nos invitaron a un pequeño salón comunal que daba a la calle. Pero siguieron llegando más madres de familia y algunos señores.

Iniciamos nuestra labor informativa y pedagógica explicando qué era el ICBF y qué buscábamos hacer en El PARAÍSO.

De pronto pasó por el frente un señor a caballo, quien se detuvo unos 20 metros más adelante. Se devolvió, se bajó del animal y se puso a escucharnos con gran atención. Al terminar nuestras explicaciones el señor se identificó como Alfredo Ramos, y no hizo sino elogiar lo que había escuchado. Y dijo que si el ICBF quería abrir servicios de atención a la infancia en ese caserío aportaría una casa para hacerlo e invitó a las madres para que se vincularan a la realización de un propósito que él veía como vital para la familia. Al mismo tiempo ordenó con sus recursos que nos preparan el almuerzo.

Así fue el punto de partida para llegar a este caserío con los servicios que ofrecía el ICBF, siempre y cuando las madres participaran de lo que allí se tenía que hacer. Las madres eran protagonistas de la atención a los niños allí y en todos los sitios urbanos y rurales a donde llegábamos.

Al señor Alfredo Ramos no lo puedo olvidar, fue el hombre clave para asegurar nuestra presencia en esa región de Algeciras. Un día, varios años después, me visitó en mi casa en Neiva. Me traía a regalar un perrito muy lindo, hijo de perros cazadores.

Después supe que don Alfredo Ramos había muerto por decisión suya. Me dolió profundamente su partida de esa manera para la eternidad. El ICBF debería no olvidarlo.

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