Sábado, 22 Diciembre 2018 00:00 Escrito por
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Como los huilenses no valoramos el legado que, según la historia, nos han dejado sus grandes personajes, la nuestra es la cultura del olvido. Esto sucede con José Eustasio Rivera, con Jorge Villamil Cordovez, con Inés García de Durán y con muchos otros huilenses que en el arte, la literatura, la ciencia, la composición, la empresa, etc. han contribuido a construir lo que el Huila es hoy. Esto ocurre porque no hemos sabido, o no hemos querido, transmitirle a las nuevas generaciones el significado e importancia de los  aportes de los antepasados. Siendo catedrático de Corhuila, pregunté un día a mis alumnos de la materia Desarrollo Regional, quién había sido Jorge Villamil. Todos guardaron silencio. De pronto una estudiante dijo que había sido un   cantante del Tolima.

Lección enorme es la que se nos está dando desde Orocué, Casanare, con la memoria de José Eustasio Rivera. El autor  de la Vorágine ni nació, ni vivió en esta población. Escasamente, en 1919 estuvo allí cuatro meses, hospedado en la casa de una humilde mujer que se llamaba Isabel Amézquita mientras que, como abogado, estaba al frente de un pleito que esperaba ganar como soporte de su profesión, pero que le permitió entrar en contacto con caucheros que venían de las selvas orientales del país a vender caucho. El actual Alcalde de Orocué, un municipio de apenas 8.000 habitantes, compró la casa donde permaneció Rivera, construyó una edificación y está montando allí un Museo en honor de este huilense para hacer de él, un gran epicentro llanero de estudio y divulgación de lo que fue su vida y su obra, tanto en Colombia como en el mundo. Creo que será un museo de la memoria llanera en donde el personaje central sería el autor de la Vorágine.

¿Cuándo en Neiva, o en el municipio que lleva su apellido,  Rivera, se ha pensado en algo parecido a lo de Orocué?. ¿ No es vergonzoso que sea en un sitio lejano en donde la gente entienda la grandeza de un escritor que ni siquiera es de su tierra?.

La trayectoria difícil que ha tenido la Fundación por la Huilensidad Jorge Villamil Cordovez con la búsqueda de recursos para el sostenimiento del Museo que lleva   el nombre del maestro, retrata la mezquindad de los huilenses por la defensa del legado de uno de sus grandes hombres. Esto es lo que se llama la cultura del olvido.

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