Martes, 19 Enero 2021 10:45 Escrito por
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Relatos de Calderón: El viejo del violín

 

A comienzos del año 1948 llegó a nuestra casa en Matanzas, San Agustín, un hombre de raza negra, un trotamundos, de cumbamba salida, que fumaba tabaco en pipa y con acento antioqueño y tocaba canciones en un viejo violín que portaba. Cargaba con él una pequeña jaula de alambre en la que tenía un pájaro llamado "tintina" o templón, de tintes amarillos y alas verdes que en las mañanas y las tardes silbaba a la perfección el himno nacional. Mi madre Amelia Molina se enamoró de ese pájaro y le ofreció compra pero el hombre se negó varias veces a venderlo. Dijo que se dedicaba a explorar guacas en los terrenos que le permitían. Mi papa Gabriel le dio posada y le permitió que durante dos semanas "guaquiara" en sus tierras. No recuerdo que encontrara nada, pero lo hizo cuando exploró tierras de un hermano de mi papa, que se llamaba Abel. Encontró una nariguera de oro que ese tío se la compró. Después se pasó a otras fincas de la vereda y semanas después se vino para Criollo y Contador en Pitalito.

En Contador se hospedó en la casa de Simón Plazas Brand quien era dueño de una pequeña tienda a orillas de la carretera nacional. En esa vereda y otras vecinas exploró inútilmente por varias semanas y terminó por irse, pero antes a María, la esposa de Simón si le vendió la tintina, seguramente ante la necesidad de recursos para partir. De ahí en adelante la tintina se volvió un gran atractivo para mucha gente por oírla cantar tan bello el himno de la patria.

El domingo 17 de octubre de 1949, Simón Plazas Brand fue asesinado por un grupo de manifestantes conservadores que regresaban a San Agustín después de una manifestación política en Pitalito. Ese día, además de la muerte de Simón, mataron allí mismo a un hermano del Dr. Angel María Molina Vega, prestante dirigente conservador de Pitalito, quemaron la casa, la enramada panelera y varios caballos que estaban en la pesebrera. María, esposa de Simón, y su pequeña hija se salvaron porque estaban un poco lejos de la casa.

Pero, ¿Qué pasó con la "tintina"? No encontraron rastros de ella. Se la llevaron, fue la conclusión.

Seis años después un señor le contó a mi padre quién tenía en San Agustín la tintina. Era un conocido conservador del pueblo. Con mi padre fuimos un día a su casa con algún pretexto, Allí la tenían y estaba cantando el himno nacional.

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