Domingo, 11 Noviembre 2018 00:00
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“Nada puede merecer más nuestro patrocinio que la promoción de la ciencia y la literatura. El conocimiento es en todos los países la base más segura de la felicidad pública.” Con esta frase en un discurso ante el congreso de los Estados Unidos el 8 de enero de 1790,  el presidente antiesclavista, George Washington, invitaba a los legisladores  a incluir con generosidad presupuesto para la educación de los ciudadanos norteamericanos.

Recientemente, el economista y premio nobel Joseph Stigliz en un artículo en el que hace una reflexión sobre la situación del coloso del norte luego de la crisis financiera del 2008, no solo cuestiona el que el gobierno destinara recursos del estado a los causantes del descalabro, banqueros y comisionistas de bolsa, sin resolver la situación de los deudores de hipotecas, sino que además redujera los presupuestos en asuntos vitales como la investigación básica.

Carl Sagan un notable científico norteamericano, pionero en llevar los conocimientos de la ciencia al público del común, a través de una hermosa serie televisiva conocida como Cosmos, en uno de sus textos postreros: El Mundo y sus Demonios, en defensa de la financiación de los programas de exploración del espacio, nos recuerda la vida de Maxwell, el científico británico interesado en explicar la relación entre, la luz,  la electricidad y el magnetismo. En calidad de profesor de la universidad de Cambridge, elaboro la teoría de la radiación electromagnética, sobre cuyos fundamentos posteriormente se desarrollo la radio, la televisión y el radar. Financiar la investigación de Maxwell pudo parecer absurdo para algunos miembros de la sociedad de su época y un derroche para algunos legisladores pragmáticos, pero sus logros son la base de soluciones extremadamente útiles para la humanidad y enormes negocios.

Una característica de la investigación básica es que sus resultados y beneficios pueden terminar viéndose décadas después de adelantarse y por el contrario la investigación aplicada no siempre logra alcanzar el propósito que se espera, pues es posible que no se disponga de un conocimiento necesario para que alguien logre la invención que se requiere.

Los muchachos que reclaman de manera pacífica, no violenta, presupuesto para las universidades apuntan a disponer de los recursos necesarios para que la ciencia logre descifrar muchas incógnitas, investigación básica que terminara apoyando la aplicada, resolviendo múltiples necesidades que al final se convierten en oportunidades para el desarrollo de la economía; nuestro gobierno y los legisladores deberían aprender de las lecciones de otros y de las actitudes de sus homólogos en la época progresista del capitalismo naciente, no del depredador de la era presente.

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