Jueves, 03 Diciembre 2020 06:47 Escrito por GABRIEL CALDERON MOLINA
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Las anécdotas de Calderón

Hoy voy a contar una nueva anécdota de lo que nos sucedió a los estudiantes de San Agustín en Bogotá en el año de 1964.

Uno de los agustinianos, Isidro Muñoz Ibarra, era estudiante de Economía de la Universidad Nacional. Un día éste nos invitó a varios de sus paisanos a asistir a una fiesta organizada en la sede de la Facultad con motivo de la celebración de los 10 años de su creación, organizada por estudiantes, y a la que se debía llevar alguna bebida como colaboración. Recuerdo que de San Agustín asistimos: Oswaldo Enciso, Baldomero Muñoz Tello, Lorenzo Muñoz, estudiante de medicina y su primo que también se llamaba Lorenzo Muñoz, Isidro Muñoz, el suscrito y dos o tres más.

Había un grupo musical muy agradable y se podía bailar con hermosas hembras en un salón acondicionado para el efecto. Como a las 11 p.m., ya con algunos tragos en la cabeza, uno de los agustinianos, se ubicó en el centro en la puerta de entrada al salón, extendió sus brazos e impedía a los demás ingresar al lugar. Una pareja que quiso hacerlo, la detuvo alzando las rodillas y se formó con ella una discusión que se tornó amenazante. De pronto un estudiante que notó el hecho desde el salón de baile, se vino y agredió físicamente al agustiniano. Oswaldo Enciso reaccionó en seguida para defender al agustiniano y lo mismo quisimos hacer otros de nosotros. En ese momento surgieron de varias partes como 12 estudiantes que se nos vinieron encima con el fin agredirnos. Entonces nos salimos al parquedaero que estaba lleno de vehículos, pero en ese momento apareció Isidro Muñoz Ibarra y evitó que sus compañeros nos atacaran, mientras que al mismo tiempo nos despacha a gritos diciéndonos que por irrespetuosos nos fuéramos de ahí.

Realmente era la mejor decisión y todos nos dirigimos hacía la vecina calle a tomar taxis para irnos a otro lugar que frecuentábamos los agustinianos cuando estábamos de bebeta. Fue en ese momento cuando notamos que uno de nosotros faltaba. Era Lorenzo Muñoz, el primo del estudiante de medicina. Algunos nos devolvimos a buscarlo. Y cómo les parece que en ese momento estaba tratando de salir con mucha dificultad de debajo de un automóvil en donde se había escondido. Todos nos burlamos de su cobardía mientras que él guardaba silencio. Es el único caso que conocí de agustiniano flojo para la pelea. Adivinen cuál de nosotros fue el que armó el lío. De todos modos, quien nos invitó, dejó de hablarnos durante todo un año.

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