Viernes, 12 Octubre 2018 00:00
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Quizás uno de los tantos personajes que a diario aterrizan  o sientan cabeza en el hermoso Valle de Los Laboyos, ha sido el controvertido   Don Guillermo Cocunubo, hombre fornido de 1.85 mts de estatura, desgreñado, barrigón y de espesa barba, quién sabrá donde aprendió mecánica automotriz, pero fue su profesión conocida. Montó taller en un lote frente a la virgen, hoy barrio Trinidad por la  carrera cuarta, a quien saludaba  reverentemente.

No cabían las disculpas por parte de sus clientes, fijando el precio de la reparación, el Contendor no tenía otra cosa que decir  que, acepto. Bien hijito, el viernes con la platica en la mano a las cinco de la tarde  HORA Y PUNTO, viene por su carrito. Muchas veces la reparación duraba  tan solo unas horas, pero él quería sentar precedente de puntualidad, honorabilidad y cumplimiento, de ahí que el día señalado, antes  de la HORA Y PUNTO lo prendía y dejaba listo para su entrega. Si  el cliente no lo reclamaba ese día a la HORA Y PUNTO, entraba a formar parte de los incumplidos y recibiría su castigo, cuando al fin llegaba el cliente su discurso de cantaleta comenzaba: ayer a las cinco de la tarde HORA Y PUNTO, lo esperé para entregarle su carrito, Usted, me incumplió a las cinco y treinta de la tarde HORA Y PUNTO, tenía que cerrar un negocio  con Don  Fulano y me tocó conseguir la platica al 10%, de modo que si se quiere llevar su carrito ya no son los $60.000 sino $80.0000.

Rápido la gente se acostumbró a su HORA Y PUNTO, y así compraba o vendía.  Al “Burro” le compró una Pick up,  Ford Ranger  azul, le pidió las llaves y en el empaque de  una cajetilla de cigarrillos que recogió del suelo escribió:” debo pagar $4.500.000 el sábado 26 de junio de 1.965, aquí en la Heladería Yuma a las 3:00 p.m. HORA Y PUNTO.” Este documento se hizo popular, la gente se alistó en la Heladería del turco Edmundo Aljach Sajar, el día señalado en plenas festividades del San Pedro, un minuto antes entró vociferando y mirando su reloj de pulso y dijo: TRES DE LA TARDE HORA Y PUNTO DE HOY SABADO VEINTISEIS DE JUNIO . El paquete  de papel periódico que traía bajo el brazo lo coloco sobre la mesa donde el “Burro” departía con  sus amistades de farra y le dijo cuente mijitico su platica. El Turco Aljach debió mandar a traer dos mesoneras más, mandar a traer trago pues se le agotaron las existencias, apareció Chapulín con su combo de hermosas chicas y  el conjunto de Godoy, Daza y sus chupacobre. Habían barras que con antelación esperaban la HORA Y PUNTO, ya como ganadores se ufanaban de la rectitud del señor Cucunubo, los perdedores en pagar y desquitarse comentando, que ellos no harían esa clase de negocios en cajetillas de cigarrillos, hasta en hojas de plátano, que tal que se haga el loco o se muera, que haya traspasado el vehículo a otra persona, en fin toda suerte de conjeturas afloraban en diferentes tonos de los contertulios.

Adquirió prestancia dentro del gremio de los técnicos automotrices, ese carácter fuerte, enérgico y su rectitud imprimida en sus negocios los trasladó a su empresa, adquirió herramientas Proto, Ease, Profetional, y su taller era sala de recibo, todo impecablemente aseado. Su memoria era prodigiosa de muchas megas, a cada vehículo le llevaba inventario pormenorizado, sin recurrir a secretaria, o notas,  pues nunca firmó facturas, los conductores de vehículos de  entidades oficiales debían arreglárselas como fuese. Le devolvió al comercio el valor de la palabra, esos negocios de antaño sin un documento eran palabra sagrada, hoy son papeles o palabra de sangre. Muy pronto se convirtió en una  verdadera bolsa de valores ambulante, le ofrecían en venta bienes raíces, urbanos y rurales, teléfonos fijos, carros y toda clase de negocios.

Pablo José Vargas Muñoz, escultor, pintor y ceramista muy conocido internacionalmente fue invitado con su familia y personajes de la sociedad Laboyana, a degustar las galguerías regionales en un restaurante típico e improvisado que había  recibido en uno de tantos negocios ubicado hacia la salida a San Agustín, después de la famosa “Horqueta” calle al medio del Centro Artesanal, una mediagua, con “trapiche de palo”, asientos en guadua, un sitio agradable, luego de degustar  el néctar de la dulce caña acompañado de diminutas empanadas y cuando ya los invitados se disponían a despedirse muy agradecidos por la invitación,  Cocunubo les repuso: Don Pablito son 36 vasos de guarapo, 73 empanadas, 2 botellas de aguardiente doble anís y 20 costeñas, por  todo son para usted, $55.000 pesitos sin incluir la atención de los patrones. Cuando me encuentro con el Maestro Vargas Muñoz  muy jocosamente le insinúo si nos tomamos otro guarapito donde Cocunubo

El Ing. Agrónomo Carlos Quiza, muy conocido en el  gremio cafetero en el departamento, residía en la época de Cucunubo  en Pitalito, en una de sus fenomenales rascas con Nissan Patrol, amaneciendo un domingo fue encontrado en un abismo cerca de Timaná; en el Hospital con una pata partida,   enyesada y colgada del cielo raso y con ese tremendo guayabo, aparece Cocunubo con esta sentencia: Dr. Su carrito está a bordo de carretera  colgando de la guaya, son $120.000  pesitos y si no se lo dejo donde estaba. Era la única grúa, una Ford Canadiense que existía en el sur del Huila, de ésta manera imponía los precios sin rebaja, éste si aprovechaba las circunstancias.

En el café de “MEJORAL” Enrique Salinas, se debatía uno de los problemas  más delicados luego del terremoto del 9 de febrero de 1967. La torre del templo de San Antonio, estaba inclinada y seriamente averiada. Los nocturnales contertulios alrededor de las mesas del juego del parqués:, el señor alcalde Dr. Angel María Molina Vega, los ganaderos, Ricardo Ricci Sánchez, Pedro María Molina, Kóstar  Polanía Sánchez, José Ricardo Muñoz Calderón, el Capitán de la Policía Nacional, Roberto Molina Vásquez y otro tanto de personajes, no encontraban la fórmula para derribarla sin dañar la nave principal del templo. Lo importante es saberla derribar para no dañar el resto de la casa de Dios; un helicóptero suspendido con una canastilla y dos obreros armados con barras, y los patos y cuánto cuesta el “helicotero”, una escalera de 50 metros de la de los carro de bomberos, y los patos no hay en Bogotá, aquí sí que menos, un disparo de cañón, alguien replicó, bien no se trata de otro terremoto y los patos jua jua jua. Más bien pongámonos a jugar  parqués  y  King.

Cocunubo, de pie con un brazo sobre su barriga y con el otro cogiéndose la barba muy atento, no soltó la lengua, pero  sí le madrugó al   padre Monje párroco de San Antonio, quien con semejante vecino no pegaba pestaña tranquilo, padrecito yo solo, sin dañar nada, a mazo y cincel y bajo mi responsabilidad y la ayuda de mi diosito, demuelo lo más peligroso, acordaron primero bajar el reloj, según las indicaciones de don Eliecer Ayerbe Molina, quien  conocía su funcionamiento y lo mantenía en HORA Y PUNTO.

El terremoto tenía recogidos a los impíos,  los escépticos habían difundido sus preceptos, por eso cuando después de bajado el reloj del pueblo hizo su aparición por uno de los redondeles donde antes se miraba el  reloj con números romanos Cocunubo con su espesa barba apareció como el héroe de mil batallas. los casi mil parroquianos agolpados en lugares alejados de cualquier  ladrillo suelto, o que con el peso de Don Coco se acabe de caer la torre miraban cómo salía y con un lazo acido a la cúpula comenzó su ascenso, y a cincel y mazo quitó la borla donde por años permaneció la cruz de hierro que identificaba la máxima altura de la edificación y poco a poco se fue irguiendo esa figura corpulenta sobre la cúpula donde antes estaba la cruz de hierro, ahora se contemplaba al barbuchas Cocunubo, soportando los fuertes vientos, pero muy confiado en sí, fue dibujando la figura del crucificado, la turba enmudecida, lo único que se escuchaba era la voz de Marcos el forchero y la de féretro  el fritanguero.  Como  hipnotizados  nadie movía un dedo para no interrumpir  o distraer al equilibrista. Cuando el cura pensaba en tanta bondad por parte del barbudo Cocunubo, éste se imaginaba el  bazar  y la recolecta pública, y la ida de para atrás, cuando le pasara la cuenta de cobro.

No  todas las ganaba, al parecer fueron por lana y salieron trasquilados. Un joven neivano muy emprendedor  instalado en Pitalito como  distribuidor de motocicletas Suzuki,  José Armando Rivera  Farfán, ganaba popularidad por su forma acogedora y de buen comerciante. Don Coco y su socio Condorito, le hicieron varios pases en un Renault-12 verde cielo,  con  pitadita y saludito, días después arrimó al negocio  de motos Don Coco como le decían  cariñosamente abreviando el apellido, llaves y papeles en mano le entrego el carrito, ensáyelo y lo negociamos, Rivera Farfán le advirtió de que sí lo necesitaba,  pero por ahora no, pues tengo unas obligaciones que cumplir,  no se afane, ensáyelo y me lo va pagando como pueda.  Pandeyuca,  le hizo sus viajes primero al mecánico, a Guacacallo, a Timaná, Neiva e intermedias, desvirtuando el rumor de que ese carro estaba envenenado, alguna falla que corrigió el mecánico le hizo disfrutar por muchos años del verdoso.                                                                   

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4 comentarios

  • Enlace al Comentario Nelson Ortiz Lunes, 15 Octubre 2018 02:08 publicado por Nelson Ortiz

    Buena historia Rodrigo, tenía solo 7 años cuando el terremoto y salíamos de la Iglesia de San Antonio, luego mire como estaba subido Guillermo con una maseta derrumbando la torre, con el tiempo pasaba por su taller y tenía un palo de naranjas q prohibía q las agarraran y una vez me dio por entrar y pedirle una y uno de nino miraba a Don Guille alto, fornido y barbudo con algo de “miedo “ pero me dijo agarre las que quiera...... otro día en pleno parque nos invito a comer las deliciosas empanadas de “Barreto” y la crema q vendía un carrito de la sevillana...... era amigo de mi padre y después que se fue a vivir x la calle 10 con 7 y nos saludaba cuando pasaba x la casa , también lo vi firmar en los papeles de las cajas de cigarrillo “ la palabra era de honor” hora y punto!

  • Enlace al Comentario Isabel Bahamon Sábado, 13 Octubre 2018 16:57 publicado por Isabel Bahamon

    Excelente crónica,felicitaciones Rodrigo,nos dío gusto leerlo.

  • Enlace al Comentario Edwin avila Sábado, 13 Octubre 2018 00:19 publicado por Edwin avila

    MUY BUENO...

  • Enlace al Comentario Armando Bermeo Viernes, 12 Octubre 2018 23:18 publicado por Armando Bermeo

    Por favor revice el valor de la camioneta, pues para 1965 ese tipo de vehículo no podría tener ese valor, pues mi padre Jesús Ignacio Bermeo compro un vehículo Willys 1975 nuevo, por valor de 172.000 pesos

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