Miércoles, 25 Noviembre 2020 17:19 Escrito por MANUEL SALVADOR MOLINA - HURTADO Abogado Constitucionalista y Administrativista
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Poder político y emisoras comunitarias

 “La prensa no sólo es el arma más poderosa contra la tiranía y el despotismo, sino el instrumento más eficaz y más activo del progreso y de la civilización.”, FRANCISCO ZARCO, político, periodista, e historiador mexicano.

La Socialización de los Proyectos gubernamentales no guarda relación alguna con  imponer, unilateralmente, las reglas de la participación ciudadana, los medios de comunicación, y los contenidos de la misma. Más grave, aún, si los métodos y metodología a utilizar, el medio de comunicación escogido, y el tipo de información que se socializa ya producen constante y sistemáticamente  repudio en buena parte de la población, siendo esto agravado si de forma particular el medio de comunicación resulta ser una emisora comunitaria sobre la cual cada día crece su distanciamiento con la colectividad y ya es reconocido notoriamente su progresivo rechazo, insostenible e inaguantable para los habitantes, por su manejo abusivo y cínica entrega al poder oficial, por su postura reprochable de servicio incondicional al gobernante  en contra del interés general y el bien común.

Recuérdese que a la luz del Decreto 2805 de 2008, el servicio comunitario de radiodifusión sonora se erige como un servicio público participativo y pluralista… a facilitar el ejercicio del derecho a la información y la participación de sus habitantesde manera que promueva el desarrollo social, la convivencia pacífica, los valores democráticos, la construcción de ciudadanía y el fortalecimiento de las identidades culturales y sociales.

Esto, como se evidencia, en abierta y nociva sumisión que deja muy mal parados ante la opinión pública a los Asociados, Junta Directiva, Gerente y empleados, especialmente a quienes dirigen los espacios noticiosos, que por truco de mala magia los han convertido en burdas salas de belleza donde se pretende, como su legítima y exclusiva razón de ser, maquillar permanentemente la imagen pública del gobernante -por su precaria e ineficiente gestión administrativa- y, de paso, promover sus reprobables Proyectos, atentatorios en contra de la gerencia eficiente del patrimonio público, y a hacer las veces de oficina de prensa municipal, en lugar que cumplir con sus deberes y obligaciones inherentes a su naturaleza y función social, arriba enunciadas.

Terriblemente parcializada, apéndice servil de la politiquería, que se entrega al poder dominante e imperioso de la Administración por dádivas personales y familiares y, por supuesto, de contratación que, obviamente, se paga con los dineros de las mismas comunidades, con los recursos oficiales; cosa que, se insiste, al Alcalde ni a las personas que las dirigen y trabajan en ellas les genera el más mínimo atisbo de vergüenza para con sus coterráneos, sus paisanos.

En razón a  la complementariedad con esta temática, retrotraigo de mi columna EMISORAS COMUNITARIAS: ¿DE Y PARA LA COMUNIDAD?,  algunas citas de vital importancia:

“…Así...se le cercenarían, de un lado, a la emisora, el derecho a la libertad de expresión, el deber que le asiste de dar información veraz, oportuna y objetiva, y se le obstruirían las probabilidades de cumplir la misión social que le corresponde. Y, de otro lado, se les mutilarían a los ciudadanos los derechos de expresión y de información, que le son tan propios y fundamentales…

…error craso comete su órgano de dirección y control si en lugar de defender su autonomía administrativa claudica ante el político ansioso de control y de poder en pos de  legitimar sus intereses partidistas y propósitos individuales.  Práctica cada día más común en los territorios. Precisamente, donde la Sociedad debe y tiene que confiar en ellas, dada la perentoria necesidad de que desempeñen un rol cada vez más comprometido con la promoción de la sana convivencia, los valores democráticos, la cultura, la paz, y el progreso local -entendido como el bienestar para todos- de las comunidades más apartadas. 

De ahí, que no se debe perder de vista que por su esencia pluralista y democrática, las emisoras comunitarias son la voz y los oídos del pueblo. Representan la democratización de la comunicación y la comunicación de la  democracia. Por eso, deben estar abiertas, siempre, a las experiencias e intervenciones libres y constantes de los diversos sectores sociales y de la diversidad de pensamiento de la población. Es entrelazarse con el sentimiento y pensar de las comunidades, para que sus necesidades, vivencias, expectativas, frustraciones y sueños sean conocidos y abordados por el gobernante, apuntando hacia su atención y  satisfacción.

Y, por lo mismo, en ningún caso las emisoras comunitarias pueden estar a la orden de ningún actor en exclusividad o preponderancia.

Ellas deben ser concebidas y diseñadas para ser, particularmente, un servicio social independiente. Entrañan, en sí mismas, un emblema de libertad y un símbolo fidedigno de participación política, entendida esta como la intervención segura y no formal o aparente del ciudadano y de la comunidad en la toma, ejecución y control de las decisiones que les afecten, a cargo de las autoridades públicas…

En consecuencia, tanto los directivos de las emisoras como los mandatarios locales deben ser respetuosos y conscientes de los linderos que demarcan sus propias competencias. Las emisoras comunitarias, aun estando en manos de concesionarios, pertenecen a la comunidad y son para la comunidad…

No se compadecería que se les pudiera olvidar a los mandatarios locales el precepto que les impone el artículo 3 de la Ley 136 de 1994, a cuya voz le corresponde al Municipio entre varios asuntos, promover la participación comunitaria, cuyo escenario propicio lo constituyen las emisoras comunitarias, libres por historia, de naturaleza jurídica apolítica, y sin ánimo de lucro.

He allí la apremiante tarea de valorarlas y, por ende, de apoyarlas, de  reclamar su amparo y de demandar su efectiva y real democratización.”

No puede ser que en lugar de servirle al Pueblo, le sirva, irremisiblemente, sin dificultad ni reparo alguno al político, al Alcalde de turno. Repitiéndose esta indigna práctica cada cuatro años. ¡Y, sin ningún recato, sin ningún pudor ante propios y extraños y, todavía menos, sin  temor alguno de ser investigada y sancionada por el órgano que la vigila y controla, esto es, la Agencia Nacional del Espectro –ANE, adscrita al Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones  –MinTIC.

Un simple derecho de petición de queja bastaría.  

Y, para finalizar, quién lo creyera, cada que al mandatario le dan sus repetitivas, inmaduras e insolentes rabietas, precisamente al aire, ocurre que nadie, absolutamente nadie de la emisora comunitaria le llama la atención a la cordura, a la sensatez y al respeto para con la emisora, el ciudadano participante, y a la audiencia: las comunidades.

El que sea  Alcalde no le da patente ni autorización para que trate a la gente como se le antoje.

Ex Personero Municipal de Timaná Ex Consejero Departamental de Paz del Huila

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