Sábado, 21 Noviembre 2020 08:48 Escrito por
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Hoy voy a contar una anécdota, para mi inolvidable, de las andanzas de estudiante en Bogotá.

Casi todos los estudiantes universitarios de San Agustín, a principios de los años sesenta del siglo pasado, éramos simpatizantes políticos del Movimiento Revolucionario Liberal- MRL, que en el Huila lideraba Jaime Ucrós García. En el mes de noviembre de 1964, alguien de nosotros organizó para un viernes por la noche, una pequeña fiesta de celebración anticipada del cumpleaños de Ucrós, que era el 1 de diciembre, en la casa de un señor de San Agustín que vivía en uno los barrios del sur de Bogotá. Yo me preparé para ir e invité a una estudiante de San Agustín, quien a su vez me propuso que lleváramos a una compañera de ella que era panameña.

Como a las ocho de la noche yo las recogí en un taxi. Me cayó muy bien la panameña desde que la vi. Al lugar de la fiesta llegaron bastantes estudiantes amigos, entre ellos Baldomero Muñoz Tello (quien vive en Medellín), Oswaldo Enciso Marín (quien vive en Bogotá), el estudiante de medicina Lorenzo Muñoz (q.e.p.d.), el estudiante de Odontología Carlos Hernán Sánchez (quien vive en Panamá) y varios paisanos y paisanas más.

La reunión fue estupenda, se bailó, se habló de política, se contaron cuentos e historias y felicitamos a Ucrós por su cumpleaños.. La muchacha panameña, me pareció inteligente al hablar con ella, hasta llegué a pensar que podría ser novia mía, aunque no andaba yo en esos planes. De pronto se le acercó el estudiante Carlos Hernán Sánchez y la invitó a bailar y siguieron haciéndolo con frecuencia. Como a la una de la mañana, algunos comenzaron a irse. De pronto partieron Carlos Hernán Sánchez con la muchacha panameña y su compañera agustiniana de estudios. Yo seguí con otros en el sitio disfrutando de la lengua de Ucrós. Como a las dos de la mañana, Lorenzo Muñoz y Manolito Muñoz y otros más decidieron irse. Lorenzo y Manolito no consiguieron taxi fácilmente. Pero cerca de donde ellos estaban había una pequeña manga en donde estaba un caballo que tenía sobre su nuca un lazo. Se fueron para donde estaba el caballo, lo sacaron a la calle y se montaron en pelo y partieron para la Universidad Nacional en cuya residencias universitarias vivía Lorenzo.

Una media hora más tarde con Baldomero Muñoz decidimos partir en taxi para las residencias universitarias 10 de Mayo en donde ambos vivíamos. El taxi tomó la carrera décima hacia el norte y cuando íbamos cruzando por la calle 18 o 19, vimos que iba un caballo con dos jinetes a esa hora y en pelo. Pues alcanzamos a reconocer que ellos eran dos de nuestros paisanos, quienes cometieron la osadía de trasladarse en un caballo, cuyo dueño nos imaginamos debió haber pensado que alguien se lo había robado.

Después ellos contaron que se bajaron del animal y lo dejaron en la calle que va hacia el aeropuerto de El Dorado.

Esta anécdota no la puedo olvidar, primero porque Carlos Hernán Sánchez terminó casado con la panameña y ahora vive y es feliz en ese país con ella. Segundo, porque la osadía de los jinetes agustinianos fue algo inaudito y chistoso para todos los que integrábamos la colonia de agustinianos en Bogotá. ¡Agustinianos tenían que ser! , decíamos los demás.

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