Lunes, 01 Octubre 2018 00:00 Escrito por
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Venezuela es hoy punto neurálgico que despierta el mayor interés internacional. Y no es solamente para el imperio norteamericano, también para otras potencias mundiales como: la China y Rusia, que además de tener grandes inversiones en préstamos a Venezuela, para que le sean devueltos en barriles de petróleo, también sienten codicia por esa inmensa riqueza  minero energética existente en nuestra vecina república Bolivariana. Hay otros estados que sin ser potencias mundiales miran a Venezuela como su aliado estratégico, pensando  al igual que los grandes; más en sus propios intereses económicos, que en postulados ideológicos.

Los Estados Unidos con sus aliados latinoamericanos orientados por el uribismo colombiano, han tratado de promover el derrocamiento del régimen de Maduro a través de la sublevación político social, tarea que no resultó. Luego vino el bloqueo económico cuyo objetivo era crear la crisis humanitaria, para que en medio del hambre el pueblo venezolano se levantara contra Maduro. También fracaso porque los venezolanos antes que sublevarse contra el régimen, salieron corriendo.

El paso siguiente podría ser la intervención militar, que pide a gritos Pacho Santos embajador en Washington, Alejandro Ordoñez y Luis Almagro desde la  OEA. A estas pretensiones se suman: Marcos Rubio Senador Republicano, Álvaro Uribe Vélez Senador colombiano del Centro Democrático. Todos ellos inspirados en las ambiciones neoliberales colonialistas de quien se cree el dueño del mundo: Donald Trump.

Una invasión militar a Venezuela por parte de los Estados Unidos y sus aliados, tiene el gran riesgo de desatar un enorme conflicto bélico internacional, con consecuencias desastrosas para el hemisferio latinoamericano, en el evento que la China y Rusia intervengan. El costo en pérdidas de vidas humanas para Venezuela y Colombia sería incalculable. La crisis humanitaria no solamente se multiplicaría en Venezuela, sino que se trasladaría a nuestro propio territorio colombiano. El gasto económico que genera un conflicto bélico como el que está en juego, es muy difícil de cuantificar. Lo que sí se puede afirmar: es que los que terminaríamos asumiendo esa gran cuota de sacrificio, somos los más pobres.

En una intervención militar regular como la que se diseña en las oficinas de la CIA, destruir a Venezuela sería cuestión de horas, luego vendría la guerra asimétrica (irregular) que tardaría muchos años; tal vez décadas para  poder dominar su gran riqueza natural. La última carta que se están jugando es dividir las Fuerzas Militares venezolanas, para que causen un golpe de estado interno.

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