Miércoles, 28 Octubre 2020 15:28 Escrito por LIBARDO GÓMEZ SÁNCHEZ
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Lamento Borincano

Pasa loco de contento con su cargamento
Para la ciudad, para la cuidad
Lleva en su pensamiento todo un mundo
Lleno de felicidad, de felicidad
Piensa remediar la situación
Del hogar que es toda su ilusión si

Y alegre, el jibarito va pensando así
Diciendo así, cantando así por el camino:
"Si yo vendo la carga, mi dios querido
Un traje a mi viejita voy a comprar"

Y alegre, también su yegua va
Al presentir que su cantar
Es todo un himno de alegría
En eso lo sorprende la luz del día
Al llegar al mercado de la ciudad

Pasa la mañana entera sin que nadie quiera
Su carga comprar ahí, su carga comprar
Todo, todo está desierto, y el pueblo está lleno
De necesidad ahí, de necesidad
Se oyen los lamentos por doquier
De su desdichada Borinquen si

Y triste, el jibarito va pensando así
Diciendo así, llorando así por el camino
"Qué será de Borinquen mi dios querido
Que será de mis hijos y de mi hogar"

La magistral composición del Borinqueño Rafael Hernández Marín en 1929, describe las condiciones de pobreza de los campesinos de su natal Puerto Rico, termina dibujando la tragedia de los agricultores del planeta entero. Sin imaginárselo, tiene vigencia plena ahora que nuestros productores de papa y maíz no encuentran quien les compre su producción, no porque la necesidad de su consumo entre millones de colombianos esté cubierta, sino porque quienes los pueden comprar encuentran en los mercados producto importado de otras latitudes y por la indiferencia del Estado que podría, entre varias medidas, comprarles parte de su producto para atender las urgencias alimentarias de muchos hogares que están pasando hambre por falta de trabajo.

Una vez más el arte, reproduce una triste realidad y desnuda el alma de la gente de trabajo, la angustia por la impotencia, las duras jornadas en la parcela no aseguran una vida digna, por el contrario, su condición de humildad, lo margina de la protección de la sociedad; se le utiliza como una fuente de riqueza y sin considerar su pobreza se le exige ahora factura electrónica y se le cobra pago obligatorio de seguridad social para aumentar las arcas de los tiburones financieros.

Los consistorios de la gobernabilidad terminarán temblando, el día que la paciencia infinita de nuestros labriegos se agote y decidan reclamar lo suyo, el derecho legítimo a ser protagonistas y no los relegados actores a que los han reducido los dueños del poder.

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