Viernes, 14 Septiembre 2018 00:00 Escrito por
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El 9 de septiembre fue el fallecimiento de un gran hombre, padre, esposo y líder social del corregimiento más grande de este país amado. 
Bruselas es y será por mucho tiempo más, uno de los corregimientos más poblados de la geografía colombiana. Es hoy un emporio cafetero de humildes habitantes que se abren paso en el desarrollo cotidiano de la modernidad que de apoco emerge en esa sociedad, donde los líderes en forma unidad sacan adelante muchos de los proyectos de impacto que hoy se plasman en su territorio.

El municipio de Pitalito y los bruselenses, están de luto por la partida de su hijo adoptivo y gran gestor de desarrollo comunitario de ese corregimiento, señor JOSE ANTONIO MUÑOZ, que hacia los años de 1940 decide forjar su vida en este territorio inhóspito, de pocos colonos y que en su gran mayoría aserradores y comerciantes de maderas finas.

En una de esas tantas conversaciones me narro una vez el difunto. Que llegar al corregimiento en esa época inspección del municipio de Pitalito, fue toda una odisea. Sus caminos, eran verdaderas trochas fangosas, las lluvias eran constantes y el mejor calzado eran las alpargatas.

El corte (trocha) empezaba donde es hoy el batallón Magdalena, y la única flota que pasaba, eran aquellas caravanas de mulas cargadas con madera en rastra de las montañas, comandadas por arrieros que venían de a cerraderos improvistos, del otro lado del cable (límites del cauca y Huila) otros trabajadores del salado (sector montañoso al frente de lo que es hoy los peregoyos). Resumidamente, describió el corregimiento de la época.

Con pocas casas construidas en tabla y la mejor con pisos del mismo material, un par de calles casi que en caminos, con el mismo fango de sus trochas que se mezclaba con el agua de los lavaderos de ropas que vertían a la calle como si no les importara la cosa. En 1945, logro construir el primer acueducto que condujo por canales de guadua, utilizando la ingeniería criolla y de la cual por un buen tiempo se abastecieron de él, entre otros relatos históricos y jocosos que en mi memoria quedan. Fue divertido conversar siempre con él. Don José , un viejo ya curtido por los años que con sus historias siempre lo dejaba a uno comprometido a tomarse el siguiente tinto , con sus historias casi al punto de ser fabulas por la forma tan descriptiva y jocosa de contar cada cosa. Espero reunirlas para escribir su historia.

Sonaron las campanas del viejo templo del corregimiento, el 11 de septiembre sobre las dos de la tarde, su féretro se condujo a un lugar improvisto porque, este se encontraba en reparaciones y no pudo recibir en su sala al líder que tanto le había servido en muchas ocasiones.

Ya en ese recinto rodeado de pocos moradores, uno que otro político local. Eso sí, el alcalde en presencia pudo estar. Leída su homilía y con cura familiar mi amigo José se alistaba camino a su ultima morada, en medio de unos cuantos alumnos del colegio que ayudó a forjar. Por una calle de honor que estos de improvistos decidieron marcar, no sin antes escuchar desde el improvisado altar dos resoluciones con las que en algo lograron exaltar la vida y en agradecimiento de lo que a este hombre se le adeuda por contribuir con su lucha y forjar una familia de bien, en las que queda una gran responsabilidad, de seguir forjando el desarrollo en temas de política y sociedad.
Ya en hombros de sus hijos comenzó a marchar entre sillas y parroquianos como en forma de marcha final al lugar sacrosanto donde deberían cremar su cuerpo según su voluntad y muy seguro sus cenizas esparcirán sobre estas tierras o la calle polvorienta que ningún alcalde, ni el en su lucha fatigada en sus últimos años no se la pudieron pavimentar, en esa su morada  desde donde tanto hizo por esta su comunidad. Y muy seguro con alguna obra su nombre lo han de inmortalizar. Digo yo no.

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