Sábado, 26 Septiembre 2020 09:06 Escrito por LIBARDO GOMEZ SANCHEZ
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Mala papa

 

El cultivo del tubérculo que conocemos como la papa fue una de las tradiciones que sobrevivieron al imperio Inca, luego de la llegada de los españoles a nuestras costas. La patata nombre más genérico en el orbe, de acuerdo con estimación de la FAO es el tercer alimento en importancia luego del arroz y el trigo. En el siglo XVII, introducida desde América, ayudó a los europeos a sobrellevar una hambruna ocasionada por problemas en las cosechas de sus sembrados y el crecimiento de la población.

En Colombia su producción es de gran trascendencia. Aunque cuatro departamentos son los mayores productores se cultiva en nueve: Cundinamarca, Boyacá, Nariño, Antioquia, Santander, Norte de Santander, Cauca, Tolima y Caldas. El 80% de los productores plantan menos de 1 ha, es un cultivo de minifundio. En el año 2020, se reportó un área sembrada de 125.000 hectáreas, que producirán unas 2.780.000 toneladas.

De acuerdo con información de Fedepapa y el Ministerio de Agricultura, la cadena de la papa en Colombia genera anualmente cerca de 264 mil empleos totales, de los cuales 75 mil son directos y alrededor de 189 mil indirectos.  En el país unas 100 mil familias se dedican al cultivo, en 283 municipios.

En 2018 se importaron 58.000 toneladas de papa congelada y la demanda interna fue de 2.582.000 toneladas en fresco y 200.000 procesadas. Su consumo es muy significativo en algunas regiones, en Nariño, por ejemplo, en el mercado semanal de una familia no puede faltar al menos medio bulto.

La proliferación de variedades es una de las riquezas de la región andina; la papa criolla ha sido valorada como una exquisitez culinaria, que acompaña muy bien un pedazo de morcilla, una parrillada o platos de alta cocina. Pero la exuberancia del tubérculo no termina allí, en los campos se encuentran aún diferentes tipos en tamaño, color, contenido de almidón y sabor que poco a poco hemos venido perdiendo, aumentando el riesgo de la desaparición de un material e información genética invaluable.

Antes de la pandemia el costo promedio por tonelada se estimaba en 838.000 pesos aproximadamente, 420 pesos por libra; el incremento del precio de los insumos en este periodo eleva este cálculo, pero para desgracia de los productores a partir de este mes, los intermediarios, cuando reciben el producto, están comprando por menos de 100 pesos la libra, una pérdida irreparable.

La bancarrota de los productores de papa representa pérdida de empleo, amenaza a la seguridad alimentaria, otra debacle que resta a la riqueza y producción nacional y el gobierno se mantiene impávido, pese a las súplicas de las organizaciones agrarias y los propios productores. Definitivamente este gobierno, prefiere financiar empresas extranjeras y negar recursos que salven a nuestros productores, por eso como se expresa en el argot popular, por calificarlo decentemente: es mala papa.

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