Viernes, 17 Agosto 2018 00:00 Escrito por
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Aunque lo que se adoptaría con el Plebiscito Anticorrupción ayuda, no habrá solución si desde los hogares, desde las familias, no se educa para ser honrados, para respetar, no solo los recursos públicos, sino lo que pertenece al bien colectivo, aspecto con el cuál no hemos podido ponernos de acuerdo, pues esta generación, la presente, vive en el sueño del dinero fácil, del enriquecimiento como modelo de vida, del proyecto exitoso sin importar cómo obtener los objetivos; una sociedad marcada por el sino de las mafias legales que se tomaron todos los estamentos sociales.

Por eso, mientras no enseñemos a nuestros niños que la nota del colegio es la que merecen su esfuerzo, y no el clamar para mejorarla sin haberla merecido; mientras no les enseñemos que si encontramos algo en el camino, ese algo tiene dueño y no nos pertenece; mientras no les enseñemos que cumplir con sus deberes es su responsabilidad; mientras no les enseñemos que lo que queremos es porque lo buscamos con esfuerzo, no por pataletas, estaremos sentenciados a tener adultos corruptos. Mientras los adultos no se nieguen a tomarse el espacio público; mientras sigamos birlando la autoridad porque no nos están viendo; mientras no demos ejemplo con nuestros actos cotidianos, es imposible superar el problema de la corrupción.

Cómo enseñar que no debe haber corrupción si los maestros compran los cupos de nombramiento, y hay funcionarios públicos que se prestan para que se den esos negocios. Como curar al sistema de salud de la corrupción, si hay médicos que ingresan a las facultades de nuestras universidades pagando altas sumas de dinero, y pagan a los docentes para que les suba la calificación en una asignatura, o pagan jugosas sumas para ingresar a un programa de especialización, un negocio negro que está allí, que se ejecuta todos los días, que no hay forma de comprobar el delito, pero que existe. Cómo derrotar la corrupción si para graduarse de abogado los estudiantes pagan para hacer una judicatura o para que les permitan presentar los preparatorios.

Para señalar solo unos pocos casos, tan comunes y tan aceptados en nuestra sociedad, medida por los altísimos niveles de corrupción, que no está solo en nuestros políticos, en nuestros gobernantes, en nuestros policías y el sistema de las fuerzas armadas, sino empotrado como un hongo malsano en toda la estructura social que la ve normal, que la acepta. Es más, quien se opone, es un idiota, un conformista, un falto de visión, un tonto. Está tan metido el problema en la conciencia de la gente que dentro de los diezmos de los credos van billetes falsos; tan metido, que, en las limosnas dominicales de las iglesias introducen monedas y billetes falsos, y cobran la vueltas. Está tan metida, la corrupción, que los privados que se creen dueños del andén del frente de su casa, que las instituciones públicas se adueñas de los sectores vecinos, que la policía y el ejército cierran calles y parques para su uso particular. Que entidades públicas convierten calles y parques en parqueaderos. Por eso, aunque es bueno el Plebiscito, nada cambia si no educamos en la honradez, en el respeto por la vida y los bienes ajenos.

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