Domingo, 13 Septiembre 2020 10:31 Escrito por MARÍA DEL CARMEN JIMÉNEZ – Exsecretaria de Educación del Huila
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Plomo es lo que hay, plomo es lo que viene

 

La democracia está en peligro. Desde su prisión domiciliaria el preso No 1087985    no solo ha puesto en entredicho la dignidad de la justicia, la separación de poderes, sino que en sus trinos insta y sugiere el toque de queda, las tanquetas y las fuerzas armadas en las calles para enfrentar el descontento popular que pide justicia por la brutalidad y el uso desproporcionado de la fuerza ejercida por   policías que condujeron a la muerte del abogado Javier Ordoñez en Bogotá. El presidente que representa al indiciado sigue sus pasos y órdenes. Gobierna por decreto en esta pandemia haciendo uso abusivo también de las normas de excepción para limitar derechos. Actúa desde el mayor desprecio hacia los jóvenes, hacia los pobres y las víctimas.

Generalmente el gobierno del presidente Duque se lava las manos, culpa a otros permanentemente, justifica los desafueros de agentes del estado, felicita a la policía por su “actitud gallarda y férrea” y no muestra la más mínima empatía con las víctimas. Razón tenía Angela Merkel canciller alemana al plantear: “Los presidentes no heredan problemas, se supone que los conocen de antemano, por eso se hacen elegir para gobernar con el propósito de corregir esos problemas. Culpar a los predecesores es una salida fácil y mediocre”. Lo cierto es que existe incertidumbre e inconformidad colectiva en Colombia   generada por la desigualdad, los altos índices de pobreza, la falta de oportunidades para los jóvenes, la violación permanente de los derechos humanos, los excesos de la fuerza policial que generan desconfianza en esa institución.

Quieren manejar el orden público a punta de tiros y armas de electrochoque con las pistolas TASER sin ningún control. Está claro el mensaje de un brabucón uribista que el año pasado dirigió a los jóvenes participantes de una manifestación en defensa de la paz, al gritarles: “Plomo es lo que hay plomo es lo que viene…malditos terroristas”.   Efectivamente eso es lo que se evidencia en nuestro territorio:  55 masacres en lo transcurrido del año 2020 aún impunes, ocho muertos y cincuenta y ocho   heridos con arma de fuego en Bogotá el pasado 9 de septiembre, paradójicamente Día Nacional de los Derechos Humanos.

 Opera una doctrina militar en la institución policial que los prepara para la guerra, la criminalización de la protesta social, no para el mantenimiento de las condiciones necesarias para el ejercicio de los derechos, libertades públicas y para asegurar la convivencia en paz de los habitantes de Colombia, en contravía de lo estipulado en el artículo 218 de la Constitución Nacional, que define la naturaleza civil de este cuerpo armado. Por eso es imperiosa una reforma estructural a este organismo que los forme en una cultura democrática y de Derechos Humanos.  

Desde la inconformidad que asiste a muchos colombianos y colombianas, se debe gestar la esperanza y el amor. Es un derecho el uso de la movilización social pacífica como expresión democrática para denunciar la violencia, las inequidades, la injusticia social y la impunidad prevalente evitando provocaciones de quienes se nutren del odio y la guerra. Para los humanistas todas las vidas importan.

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