Domingo, 16 Agosto 2020 22:49 Escrito por DELIMIRO MORENO CALDERÓN - Periodista e Historiador
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En mis 88 años

(Palimpsesto sobre unos textos de 2012 y 2018)

Delimiro Moreno

Descaradamente vivo y exigiendo para mí el doble título de constante y escéptico disidente y contradictor absoluto del Establecimiento (mucho más hoy, ¡!ay! en las manos violentas del más violento y reaccionario partido de nuestra historia, el uribista Centro Democrático), estoy cumpliendo, en medio de la peor pandemia que nuestra generación ha vivido, mis 88 años, cosa que en mi lejana juventud parecía imposible no solo a mí, sino a mis parientes mayores, para quienes “esta juventud de ahora no llegará muy lejos”, porque siempre los viejos se han creído mejores que los jóvenes, creencia que no comparto, pues opino que la generación en desarrollo es mejor que las anteriores: más sana, más culta, más universal, y probablemente viva, si esta pandemia se lo permite, en un mundo mejor, construido por ellos sobre lo existente, con los aciertos, pero sin los errores nuestros y de nuestros antepasados, si los explotadores actuales –el complejo financiero internacional y su orientadora ideológica, la derecha mundial, con su demoníaco armamento nuclear-, no logran destruir el planeta por sus ambiciones de dominio económico y político universal. Esta terrible pandemia del covi-19 (de la que, soy consciente, si me infecta me mata, por lo cual estoy confinado por mi voluntad en estricta cuarentena) hasta ahora sólo ha dado como resultado que los megabillonarios, menos del 1% de la población mundial, amos de un capitalismo voraz y salvaje, se hagan cada vez más ricos, concentrando en sus manos casi toda la riqueza social, además del poder político mundial, mientras los pobres, quienes en realidad trabajan para producir esa riqueza social, son cada vez más pobres, carecen de poder político, sufren la dictadura policiva de los ricos, y muchos no tienen siquiera la posibilidad de protestar. No sé, soy escéptico, si “vamos hacia el “comunismo reinventado” de Zizek o podemos caer en “el gran reinicio”, o en el “capitalismo recargado” que se proponen los grandes capitalistas nucleados en el Foro Económico Mundial de Davos ¿Por qué no pensar también en un “protosocialismo”, encaminado a la construcción del socialismo, como piensa el filósofo argentino Atilio Borón?

Como escribió al cumplir 70 el desaparecido científico inglés Stephens W. Hawking, a mis 88 años “no tengo miedo de morir, pero no tengo prisa por morirme. Es mucho lo que quiero hacer antes”. Además, estoy muy satisfecho instalado en la vida, a pesar de la amenaza del covid-19, rodeado (aunque, ¡ay!, de manera virtual) del cariño de los míos –en especial mi actual bella esposa María Orfith, y mis hijos, Luis Guillermo, Carlos Alberto, Silvia Karina, Adriana, María Andrea, Juan David y María José, mi último amor; mis nietos Diana, Catalina, Laura Sofía, Arthur D., Leo Alphonse, Simón y Santiago, y mi bisnieta María Paula-, y de algunos amigos -viejos y jóvenes- como para querer abandonarla, pues creo que después de la muerte no hay nada, y sólo queda lo que hicimos en lo social e intelectual.

Me ha tocado vivir una de las mejores, interesantes, caóticas y fructíferas épocas de la humanidad. En estos 88 años el mundo ha presenciado la aparición de los más espectaculares avances en la ciencia, la técnica, las artes y la cultura, a pesar de que al mismo tiempo en Colombia sufrimos la “Violencia” (desatada por la dirección de un partido para tratar de eternizarse en el poder, siendo una minoría) y la aparición de las guerrillas y del narcotráfico, aunque la guerra con las FARC fue en teoría terminada por los acuerdos de La Habana y el Teatro Colón, que confío no podrán hacer trizas definitivas los uribistas heraldos del mal. En el mundo, hemos vivido la Segunda Guerra Mundial; la caída de la estafa política y social del estalinismo que nos vendió como socialismo un capitalismo de Estado bajo un régimen dictatorial policivo; la creación artificial del Estado judío de Israel, el resurgimiento y rebelión del mundo musulmán y la descolonización de África; decenas de injustas guerras desatadas por el imperialismo norteamericano para sojuzgar a los pueblos, en algunas de las cuales por fortuna ha sido derrotado, como en Viet Nam; la decadencia definitiva del imperio de los Estados Unidos en manos de su peor presidente, el tal Donald Trump, y el surgir impetuoso de China como primera potencia económica y política, en alianza con la Rusia de Putin y la misteriosa, mística y profunda India. Nuestra época ha visto florecer, además, a paladines carismáticos como Churchill, Roosevelt, Gandhi, Mao, Nehru, Marthin Luther King, Fidel Castro, Nelson Mandela, Lumumba, Lula, Barack Obama, Vladimir Putin –el enigmático líder postcomunista de Rusia-, aunque también a monstruos como Hitler, Stalin, Pol Pot, Franco, Suharto, Pablo Escobar, “El Matarife” Álvaro Uribe (hoy, ¡por fin!, preso 1087985) y otros genocidas de derecha e izquierda. He sido coetáneo de genios como Bertrand Russell, Albert Einstein, Charles Chaplin, Jean Paul Sartre, Pablo Picasso, Pau Casals, Stephens W. Hawking, y muchos otros, iluminados, quiéranlo o no, por la antorcha de los pensadores anteriores, Sócrates, Platón, Aristóteles, Descartes, Kant, Hegel, Darwin, Freud, Marx, Heidegger, que han buscado sacar de la mente del hombre las nebulosas teológicas. En las Comunicaciones, que han sido mi mundo (el periodismo, Telecom, Impacto, Diario del Huila) mi generación apenas recibió de las anteriores el telégrafo, el teléfono y la radio, para crear y disfrutar de todo lo demás, televisión, computadores, internet, google, redes sociales, Nokia, cassetes, VHS, DVD, Nintendo, PS4, videocentros, netflix, snapcht y realidad virtual; ha llegado a la Luna, acaricia a Marte y ha enviado un artefacto suyo fuera del sistema solar... En lo personal, me he deleitado con la mejor música universal, a la que me introdujeron mi tío Gustavo Moreno y mi amigo Estanislao Zuleta, la de Vivaldi, Mozart, Bach, Beethoven, Chopin, Gardel, Villamil, decenas más, y con las fabulosas y envidiables obras literarias de Homero, Virgilio, Horacio, Dante, Cervantes, Shakespeare, Goethe, Balzac, Flaubert, Thomas Mann, Unamuno, Kierkegaard, Kafka, Dostoievsky, Faulkner, Sartre, Borges, Braudel, Saramago, Márai, Eco, León de Greiff, Porfirio Barba Jacob, José Eustasio Rivera, Luis Carlos López, García Márquez, y decenas más que me dieron razones y ánimos para vivir como lo que he sido: periodista, historiador y agitador político, desde militante revolucionario que no creyó nunca en la vía armada campesina, sino en la controversia urbana democrática al lado del pueblo, hasta simple polemista, agitador de ideas, siempre en lucha contra la injusticia; contra la seudociencia y sus seguidores que pretenden que una invasión “alienígena” procedente de Venus llegó a la Tierra y se unió sexualmente con los chimpancés para producir la especie humana, y estupideces semejantes; y, sobre todo, contra la desigualdad social, por lo que creo haberme ganado el noble título de “disidente”, contradictor de todos los poderosos dogmáticos y “bienpensantes”, explotadores satisfechos.

“Hombre libre y de buenas costumbres”, en mis casi 70 años de periodismo sólo en una ocasión fui citado por un juez, debido a una acusación de calumnia de un exgobernador, mi amigo Carlos Ortiz Fernández, y fui absuelto a mi primera explicación de la incomprendida página de humor, objeto de la denuncia.

Mi infancia transcurrió dentro de una familia tolerante y trabajadora, de firmes bases morales, formada por mi padre, Octavio Moreno Arango -mi gran ejemplo de carácter y tolerancia-, mi buena y amada, pero dogmática católica madre, Mercedes Calderón Zuluaga, y mis siete hermanos menores, cuatro de ellos ya muertos: Leonel, Jairo, Rocío y Darío, y tres aún vivos: Wilma, Sady y Fabiola. Los primeros años de formación intelectual los viví, no tanto en las aulas de los Hermanos Cristianos, de quienes no tengo ni el mejor concepto ni los mejores recuerdos, sino en los debates en el Centro Cultural “Marco Fidel Suárez”, en mi natal Bello, y el Centro Literario “Porfirio Barba Jacob”, con los jóvenes del Grupo de Medellín de los años 60. He gozado de la amistad de personas inolvidables como Estanislao Zuleta, Gonzalo Arango, Alberto Aguirre, Jaime Ucrós, Rodrigo Lara Bonilla, Pedro Iriarte, ya desaparecidos, y de Félix Trujillo Trujillo, Ramiro Montoya, Elkin Mesa, Misael García, Alirio Ríos (Jonathán de la Sierra), Ramiro Jaramillo, Germán Liévano, Pedro Pablo Tinjacá, Luis Fernando Ucrós, Marta Monsalve, Germán Hernández, Patricia Sánchez, Idaly Saussez Calderón, los colegas de la Academia Huilense de Historia, algunos del Círculo de Periodistas del Huila, de la tertulia El Botalón y la logia masónica de Neiva, y muchos más que, no por estar lejos de mis afectos sino por falta de espacio, dejo de mencionar aquí. Sólo he conocido la cárcel en Medellín (por mi militancia en el partido comunista, y por pocas horas), durante la dictadura –más bien blanda- del general Rojas Pinilla. Dejo miles de páginas escritas (noticias, comentarios, ensayos, columnas, notas polémicas en las redes sociales, en especial Facebook) –no todas merecedoras de sobrevivirme- y 20 libros de historia, con los que quizá sea más indulgente la crítica. He estado en la sima- y alguna vez estuve a punto de suicidarme y en esta pandemia sufro permanentes ataques de depresión, solo superados por la actividad intelectual-, y he alcanzado alguna altura provinciana (no la máxima cima, que tampoco sabría decir cuál es), sin que por eso me envaneciera nunca (¡tampoco hubo mucho de qué envanecerse!…). Siempre pensé que 88 años son una ínfima parte -¡tan minúscula que no se advierte en esa inmensidad!-, de los casi 14.000 millones de años de la Evolución desde el Bing-Bang. Y sin embargo, ese efímero y fugaz relámpago fue mi vida, la de una “cañita pensante”, según Pascal, de la cual me declaro orgulloso, y en ella conviví con otros amorosos relámpagos, convivencia que justifica la existencia, por fugaz que haya sido, “mota de materia viva perdida en el torbellino de los mundos y atrapada en una brevísima fase de la evolución de la vida”…

He vivido con intensidad, sin ambición de riquezas materiales (como Sancho, “desnudo nací; desnudo me hallo; ni pierdo ni gano”); y hoy, después de 70 años de trabajo honrado, recibo una pensión que me permite vivir en una modesta pobreza digna, y espero no morirme sin que la ciencia haya comprobado en definitiva el histórico descubrimiento del año 2012: la existencia de la partícula bosón de Higgs, que da masa a la materia sin necesidad de un demiurgo creador supremo, por culpa de cuya quimérica existencia tanta sangre ha derramado la humanidad. De todos modos, nada ni nadie me convencerá de que el resultado de la Evolución sea obra de un ilusorio “diseño inteligente”, o de “una fuerza desconocida que lo gobierna todo”.

En política soy comunista libertario y moriré como tal, convencido de que el mundo, tarde o temprano, será socialista, libre de cualquier explotación del hombre por el hombre.

Como Neruda, “confieso que he vivido”, con muchísimos errores y contradicciones y poquísimos aciertos; con numerosos contradictores y algunos amigos, que en un balance general, sin embargo, ha sido una existencia decorosa, por lo cual le doy, con la hermosa canción de Mercedes Sosa, “gracias a la vida, que me ha dado tanto”…, aunque siento ya la lógica fatiga de la senectud, y creo, sin ningún temor, que mi final está ya muy próximo...

Neiva, 16 de agosto de 2020.

Nota: Este comentario fue tomado de la publicación en su cuenta de Facebook

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