Martes, 04 Agosto 2020 05:09 Escrito por MIGUEL RODRIGUEZ HORTUA
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Derecha en crisis

El concepto generalizado en Colombia, es que son 200 años de Gobierno o dictadura de derecha, dedicada a defender los intereses del gran poder económico local y transnacional, en donde cada día los protegidos del sistema, o sea unos pocos ricos del sector financiero y plataformas comerciales, se vuelven más ricos, mientras la inmensa mayoría se empobrece, creando un escenario propicio para la violencia empezando por bandas delincuenciales de barrio hasta llegar a las estructuras guerrilleras bandas criminales y carteles de narcotráfico.

La derecha colombiana atornillada en el poder ha convertido las instituciones de Gobierno en antros de corrupción amparados por los propios órganos de control, escogidos por el cartel acantonado en el Congreso de la República y la Presidencia del país, cuyo requisito es estar dispuestos a no escuchar ni ver nada, si se trata de actos, robos o atropellos cometidos en contra de los de abajo, por parte de las elites del Gobierno y sus amigos selectos. La corrupción ha permeado las más altas instituciones del estado incluidas las de: justicia, sistema electoral y control fiscal, con algunas excepciones. Se puede decir sin equívocos, que en Colombia lo bueno en  lo público es casi imposible de encontrar.

Ante la puesta en la picota publica de gran parte de actos de corrupción y criminalidad por parte de sus principales enemigos, las redes sociales, y ante la irrisoria imagen de sus congresistas y del propio Presidente, y sus aduladores, su permanencia en  el poder se convierte en misión imposible. Sin embargo no se dan por vencidos y diseñan estrategias en contra de sus contradictores que van desde: estigmatización, crear encuestas falsas en su favor, judicialización de contradictores, compra de líderes y de votos, fraude electoral y hasta repetir lo acontecido en la década de los 80, cuando fueron asesinados más de 4 mil hombres y mujeres de la UP, y 4 candidatos presidenciales, hecho que abrió el camino al continuismo, ahogando la ilusión de un pueblo que hoy después de 30 años se está convirtiendo en el látigo de esa derecha miserable y tramposa, enemiga de los cambios y de la paz.

Es evidente el triunfo de las fuerzas alternativas en elecciones Parlamentarias y de Presidente; pero surgen varias preguntas: ¿Qué hacer para no caer en la trampa del plan B de la derecha que sería su túnel de salvación? ¿Qué hacer para que los alternativos se pongan de acuerdo ante los egos? ¿Cómo proteger los resultados electorales, ante otro fraude electoral?

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