Domingo, 19 Julio 2020 18:43 Escrito por WILLIAM CALDERÓN ZULUAGA - El Barquero
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La barca de Calderón: El último conservador 

El doctor Enrique Gómez Hurtado, se nos  fue, al  igual que su señor  padre, el expresidente Laureano Gómez, un trece de julio. Los últimos días de su existencia los vivió en Cartagena de Indias en compañía de su dignísima señora.

La soledad

En medio de la más absoluta soledad y de la esporádica compañía que le brindamos sus amigos de siempre,  al calor de sus hijos y nietos y al tic tac del reloj de las nostalgias, lo frecuentamos para escuchar sus sabios consejos y el certero diagnóstico  sobre la situación real de Colombia, con voz pausada se refería a la tragedia nacional, cuando un espurio Presidente, cuyo nombre se negó siempre a mencionar, dada la pequeñez de su alma, ese fulano  tenía como bandera de Gobierno el oscuro  "negocio" de la Paz .

Arrepentimiento

De lo que siempre se arrepentía, nuestro último líder colombiano, fue de haberlo apoyado en su aspiración, cuando en compañía del Patricio Conservador Mariano Ospina Hernández, del Hidalgo caucano, Ignacio Valencia López, del más representativo antioqueño, Don  Juan Gómez Martínez y de un exministro costeño que participó en ese  gobierno, rubricaron con su firma y en representación del conservatismo colombiano el apoyo a quien dejó para la historia una cicatriz imborrable. Los testigos de esta constancia histórica estamos vivos y podemos dar fe de ello: María Paulina Espinosa de López, Salomón Melo y William Calderón Zuluaga.       

Laureano y la soledad

En un memorable documento, dirigido al poeta  y escritor Augusto León Restrepo,  ex director del Diario Conservar LA PATRIA, rememorando  la soledad de  Laureano, el columnista Gustavo Páez Escobar, haciendo alusión a su despedida definitiva escribió. "Este texto te ha salido muy bien elaborado y pinta el lado opuesto de la fama y el aplauso. Ahora el caudillo de multitudes, que adelantó vibrantes causas en el Congreso y estremeció al país con su verbo grandilocuente, estaba solo. La muerte era su compañera, y tú quedaste petrificado ante ese cuadro a la vez abismal y patético.

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