Viernes, 17 Julio 2020 17:44 Escrito por MARÍA DEL CARMEN JIMÉNEZ – Exsecretaria de Educación del Huila
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Cuestión de conciencia

Con Cristo en mano, Monseñor Oscar Darío Monsalve Arzobispo de Cali planteó en entrevista realizada por Noticias Uno, que su fidelidad al evangelio no le permite ser tibio ni mudo.  Por eso, ratificó su oposición a la destrucción del Acuerdo de Paz y llamó a detener la cadena de asesinatos y la violencia que no dan un respiro ni siquiera en esta pandemia que enfrentamos. Todos los días nos despertamos con noticias de masacres y asesinatos.

 Pese a ser amonestado, pero no desmentido ni desautorizado por el Nuncio Apostólico por la franqueza de sus palabras al afirmar que: “el presidente Duque y su partido de gobierno tienen una actitud vengativa y genocida”, él persevera en la defensa de este Acuerdo.  Planteó que es cuestión de conciencia.  Así debería ser para quienes consideramos que la Paz es un bien superior que contribuye a consolidar el Estado Social de Derecho, a construir   la reconciliación, la equidad y la justicia social en Colombia. Monseñor Oscar Darío merece todo nuestro reconocimiento y apoyo.

Es una vergüenza histórica mundial destruir paulatinamente el Acuerdo de Paz. La Misión de la ONU en Colombia en reiteradas oportunidades ha expresado su gran preocupación por el aumento de asesinatos y amenazas contra líderes sociales, representantes de comunidades étnicas, excombatientes y ha instado al gobierno colombiano para responder por las necesidades de protección. Igualmente ha manifestado: “Es importante investigar y enjuiciar a los responsables de los crímenes. El círculo vicioso de la impunidad debe detenerse. Las familias tienen derecho a la verdad, la justicia y la reparación”.

La realidad es que el Acuerdo de Paz enfrenta dificultades en su implementación. No hay compromiso efectivo del actual gobierno por aplicarlo de manera completa. Esta semana salieron   desplazados de Ituango decenas de desmovilizados y sus familias dejando atrás los sueños de paz sembrados en ese espacio territorial, porque el gobierno no les garantizó las condiciones mínimas de seguridad.

  Destrozar el proceso de Paz nos impide ser un mejor país. La Reforma Rural Integral y el acceso a tierras son un desafío para la sostenibilidad de este proceso. En los años de negociación quedó claro que el problema agrario ha incidido en la persistencia del conflicto armado. Aunque es urgente resolverlo, la propuesta integral de desarrollo rural con énfasis en el territorio dirigida a superar la brecha de pobreza y desigualdad, pende de un hilo, porque en la historia de este país han fracasado las normas que buscan solucionar la concentración el despojo y la informalidad del campo. En el Acuerdo de Paz se sentaron las bases   para la transformación estructural del campo, y las condiciones de bienestar para la población rural- hombres y mujeres- que permitan construir una paz estable y duradera, no obstante, poco se ha avanzado. Tiene razón el Arzobispo de Cali: defender los Acuerdos, la vida, los derechos humanos en su conjunto es cuestión de conciencia.

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