Miércoles, 10 Junio 2020 02:09 Escrito por LIBARDO GOMEZ SANCHEZ
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Green Go Home

Nunca la presencia de tropas extranjeras ha beneficiado a ninguna nación; basta con examinar la historia reciente; en Afganistán primero los soldados  rusos y luego los norteamericanos asolaron la tierra de los talibanes; en Libia con el pretexto de apoyar una rebelión contra Gadafi tropas multilaterales han venido destruyendo esta nación que perdió su gobernabilidad; los gringos en asocio con los ingleses iniciaron una guerra en Irak que ha traído el terror y devastación de su legado cultural y sus vidas arruinadas y en peores condiciones  que las que sufrían con Sadam; los Angoleños no mejoraron su existencia por la injerencia, en el pasado,  de soldados cubanos; los países balcánicos mucho han sufrido como consecuencia de la ocupación de los contingentes de la OTAN; la lista es interminable.

En Colombia hay presencia de marines y asesores militares norteamericanos desde la segunda mitad del siglo pasado sin que el narcotráfico se hubiera minimizado, ni reducido la violencia; con su presencia se han modificado políticas del resorte de la nación para otorgar prerrogativas a empresas y naturales estadounidenses por fuera de los derechos de nuestros connacionales como ha ocurrido con el Plan Colombia.

Es claro en el derecho internacional que la presencia de miembros de un ejército extranjero solo puede darse si existe un pedido expreso de los organismos del poder de la nación intervenida, una vez surtan los procesos constitucionales establecidos; en nuestro caso el ejecutivo, en cabeza de Duque, ha pisoteado la constitución para mancillar nuestra soberanía.

Las circunstancias del momento hacen aún más riesgosa la presencia de la Brigada de Asistencia de Seguridad, anunciada por la embajada norteamericana y que forma parte del comando sur de ese país, quien dispuso una flota en las aguas del caribe, listas a la orden de Trump de intervenir en Venezuela; un país asolado por un gobierno incompetente y corrupto que ha sumido a la población en una hambruna devastadora endurecida por las medidas de bloqueo del gobierno yanqui. Si finalmente los escarceos de mercenarios enviados a través de nuestras fronteras al vecino país, culminan con una abierta afrenta a su soberanía, podríamos terminar involucrados en un conflicto que solo beneficia los intereses imperiales y pone en riesgo a nuestra nación.

En toda guerra hay quien se hace a un jugoso botín, siempre el más fuerte.

En los comienzos de la humanidad las armas eran tan rudimentarias que los combatientes se enfrentaban cara a cara, con el perfeccionamiento de los instrumentos de destrucción la guerra terminó siendo impersonal; los drones despachan misiles a cientos de kilómetros de quienes los manipulan, cómodamente sentados en una cabina y así se escapa a la visión de la destrucción que provoca; si en el pasado las víctimas eran principalmente soldados preparados para el combate y conscientes de los riesgos de su actividad, hoy la mayoría de los afectados son civiles ajenos a las terribles realidades de un conflicto.

Al margen de la transgresión de nuestra autonomía que ya nos afecta, si se activa una disputa con algún país limítrofe, terminaríamos sufriendo lo que aun solo son imágenes de poblaciones enteras arrasadas por el poder destructor de los ejércitos de ocupación; la única manera de evitarlo es exigir al gobierno que regrese a los mercenarios extranjeros a su país de origen.

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