Martes, 09 Junio 2020 19:53 Escrito por DIOGENES DIAZ CARABALÍ
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Meditaciones de Cuarentena (8)

La literatura ha estado con el hombre desde el principio; equivale a su mundo, o por lo menos al que busca que ocurra. La literatura, real u onírica, hace presencia en los comportamientos más humanos, en el devenir más ideal de una sociedad que trasmuta, eco del poder, del heroísmo, de la desgracia, al fin de cuentas del más plural comportamiento de hombres y mujeres.

Me impresiona el hecho de que Augusto haya dicho a Virgilio, cuando éste intenta incinerar el manuscrito de “Eneida”: Mientras exista Roma existirá “Eneida”, con la creída verdad, de que Roma, es eterna. Una evidente realidad pues ahí está Roma, aunque sus coordenadas sean otras, sus puntos cardinales no coincidan con el antiguo imperio; aunque todo lo que importe de Roma se represente hoy en contextos muy diferentes. Porque Roma es la grandeza de la civilización de occidente en toda su realidad; Roma es la cultura, el arte, la ciencia, y hasta los conflictos del hombre que ha logrado hoy significativos avances y mejores condiciones de vida que cualquier civilización anterior; por momentos parece resquebrajarse pero sobrevive.

Y la literatura, con belleza y profetismo, describe mejor que nunca esa realidad. Debido a ese INRI tiene enemigos solapados, callados Terminators quienes desde la burocracia casan a los creadores, difaman de los inspirados, anulan a los promotores, derrotan las publicaciones en una enemistad disfrazada de seudo-intelectualismo para quienes la poesía ha muerto, la novela es el tiempo perdido, el ensayo una suma especulativa, los Nobels van al infierno etc, etc, etc. Aunque con nuevas categorizaciones, en el marco de nuevos géneros la literatura sobrevive a nefastos atentados, incluso al cruel atentado de los libros de superación personal cuyos fedayines buscan subjetivar la riqueza como única cualidad humana de la cual son culpables los pobres.

Basta agradecer a los bardos, y a los tercos, en ellos se concibe el fervor literario como elemento creador intrínseco en los buenos y malos escritores, en los malos y buenos poetas porque ambos enseñan; de la pobre literatura surge la buena literatura, los malos libros nos llevan a los libros buenos, un juego predicho que no se sabe cuándo surge, en una pena solitaria, en un esfuerzo aislado para que muchos después se jacten, para que muchos atiendan que algo han tenido que ver en el éxito de alguien que con esfuerzo y tesón describe su mundo, para convertirlo en el mundo de todos, para “Hacer de la aldea un lugar universal” en palabras de (Анtон Чехов) Anton Chejov.

Este tiempo ha servido para ver el resurgimiento de una solidaridad genealógica que permite interactuar desde esquinas hasta desconocidas en la virtualidad. Más que publicaciones vemos una actividad clandestina desbordada, una literatura encarnada en los nuevos medios aunque no produzca réditos, pero está presente el rol de su manifestación más intrínseca, para decir con fortaleza que Roma… sigue siendo eterna.

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