Miércoles, 03 Junio 2020 17:46 Escrito por DIOGENES DIAZ CARABALI
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Meditaciones de cuarentena (7)

Los maestros con los días se convierten en los protagonistas de  la formación de nuestros hijos, algunos conocen aspectos de primera mano de sus comportamientos, su confianza rebosa el entorno de las familias para descansar en la generosidad del maestro quien con ternura y comprensión asume su rol más allá de la mera explicación cuadriculada de los números, las ciencias naturales, los accidentes geográficos, las figuras literarias de los cuales muchos ni siquiera vuelven a mencionarlos.

Queda de esa relación manual la confianza, la generosidad, el desprendimiento con que el maestro intuye el desarrollo “Integral” del niño, avista el primer enamoramiento del adolescente, celebra el invocado triunfo del joven.

La realización del maestro está en la callada observancia de su universo que trasforma desde su solitario puesto donde en evidencia queda su aura por encima de sus conflictos y sufrimientos particulares: como actor, sus gestos inducen a bordear sin pena la asintomática importancia de llevar a su auditorio a una simbiosis mental que transforme ante todo el medio del alumno con aprecio a sus propios recursos externos e internos; la capacidad transformadora del maestro está en su criterio, en su instinto superior, en el rebelde liderazgo que pone a discusión con suma responsabilidad y desasosiego.

Es sin duda para lo que sirve el maestro presencial, su imagen radial para la naturaleza esquiva de desconfianza conque el niño asume su protagonismo en la formación física y mental dentro de las limitaciones de un medio que gusta de la ignorancia, se aprovecha de la ignorancia, publicita la ignorancia. El maestro, con un papel capital se abre paso convencido y convenciendo que la ciencia y la cultura reivindican, no al hombre del futuro, al niño, al adolescente, al joven sometido a un arisco entorno hecho mecánico como disculpa de cientificidad.

No hay otra oportunidad, los Mas Media mentirosos, manipulados y manipuladores, generalmente vacíos esquivan la controversia. La escuela disfruta del dinamismo de discusión en independencia, el maestro teme sancionar como método incapaz de proyectar, el maestro huye del castigo por la comprensión para acercar las diferencias, el maestro asume la libertad del estudiante como aspecto reivindicador para entronizar la capacidad de fugacidad, el maestro cimenta la fe como disculpa democrática para construir la nueva ética, la nueva moral, en una sociedad agrietada.

Son sin duda las evidencias hoy cuando la pobreza virtual pone en pizarra la necesaria manipulación intrínseca maestro-niño-adolescente-joven, extrañamiento mutuo porque hay una tacita alianza educador-educando para sobrevivir en un mundo lleno de superficialidad, donde esa ventana es el único faro que muestra las tres patas del caballo, la elongación del círculo, la ansiedad del punto por encontrar su recta, la perfecta cuadratura del círculo, el interés de las naciones más allá de su colorido mapal, la biografías risibles de los héroes con bigote, las cometas de los soñadores en medio de la lluvia, los juegos con pelotas de trapo o pequeñas rocas, los brujos bisoños que constriñen sustos, los duendes enloquecidos donde ellos mismos son los protagonistas, algo que no se puede lograr desde una tele-llamada o el manuscrito de un taller con preguntas y respuestas resueltas.

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