Miércoles, 03 Junio 2020 14:26 Escrito por GABRIEL CALDERON MOLINA
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Las historias seguirán, pero ya lejos de Paris

Hoy miércoles 3 de junio voy a contar un episodio más de mi relación con la joven estudiante alemana, episodio que pensaba no narrarlo, pero que lo hago para entender como es la vida de un ser un joven que mira siempre como construir su porvenir.

A comienzos de noviembre de 1967, pocas semanas antes de que la joven alemana culminara sus estudios de literatura en París, me dijo un día que en la semana siguiente su padre estaría en Sttugart, ciudad cercana a la frontera con Francia en una reunión de trabajo y que él quería que el sábado fuéramos los dos a visitarlo a esa ciudad aprovechando la cercanía con París.

A pesar de que mi plan era otro para ese fin de semana, decidí que fuéramos para lo cual había que tomar un tren que nos llevaría en tres horas, pasando por la hermosa ciudad y catedral de Reims.
Ese sábado llegamos al hotel en donde él se hospedaba a las 11 a.m. Nos recibió muy amablemente, luego nos invitó a almorzar en las afueras de dicha ciudad. Al regresar al hotel, después de hablar con ella en un lagar reservado, me dijo que quería hablar conmigo. Me invitó a ese mismo lugar y ahí le escuché algo que jamás me lo imaginé. Me dijo, mi hija lo ama a usted, pero ella no puede irse jamás para su país. Usted sabe por qué. Pero tengo una solución para los dos. Consiste en que usted, cuando termine sus estudios, el lugar de regresarse a Colombia, se venga para Alemania. Yo resolveré todo lo que tenga que hacer para hacerlo y para vivir y compartir con nosotros. Pronto aprenderá el alemán y todo saldrá bien para su futuro y para el de mi hija. - No quiero
ahora una respuesta suya a lo que le propongo, sino que lo piense y en las próximas semanas tome una decisión con ella.


Al día siguiente regresamos a París, ella preparaba sus exámenes y luego regresaría a su tierra, y yo seguía estudiando.


Yo, si no estuviera hoy en Colombia y en mi tierra huilense, casado con la mejor mujer que Dios me tenía reservada en Gigante, no estaría contando estas historias de aquellos tiempos con una joven que conocí en un bus y que por una chocolatina que me recibió, mientras íbamos hacia Le Mont-Saint Michel, Normandía, estos hechos narrados jamás hubieran sucedido. 

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