Sábado, 02 Mayo 2020 18:34 Escrito por GABRIEL CALDERON MOLINA
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Que lo entiendan bien los poderosos

Los daños mundializados que viene causando el Covid-19, ojalá sirvan para despertar la conciencia de los poderosos sobre dos hechos fundamentales que esta pandemia ha puesto en evidencia: la desigualdad y la necesidad de proteger el medio ambiente del planeta.

La desigualdad siempre ha existido, pero se acrecentó a partir de los finales de los años  80 y comienzos de los años  90 atribuida por los expertos a la globalización que  potenció el poder económico del capitalismo salvaje como el que predomina y gobierna en muchos  países. Varios hechos ocurridos en estos días de pandemia demuestran, cómo la desigualdad está tratando a la gente por todas partes. Muchos periódicos del mundo resaltaron que en Nairobi, capital de Kenia, un taxista que no había transportado pasajeros en varios días por la cuarentena, dijo que “si no nos mata el virus, nos mata el hambre”, con lo cual quiso decir que la crisis por la pandemia va más allá de lo que muchos piensan, como quiera que afecta el trabajo,   la producción de bienes y servicios, el turismo y todas las actividades generadoras de ingresos a la población. En Colombia, que figura entre los cinco países más desiguales del mundo, el último número de la revista Semana, registra las angustias por falta de comida de muchos habitantes de Ciudad Bolívar en Bogotá y en Soacha, como está ocurriendo en varios sectores marginales de Neiva. Todo esto es muy distinto de lo que sucede en los países nórdicos (Suecia, Noruega, Finlandia), en donde la Social Democracia, que no ha permitido la concentración del capital en pocas manos, ha podido enfrentar exitosamente las consecuencias de la pandemia. En Colombia sería inicuo que después de esta crisis, que se siga   evadiendo el tema de la desigualdad económica que se padece.

La protección del medio ambiente la pandemia la ha puesto en evidencia como una prioridad de los gobiernos para salvar el futuro de la especie humana, lo cual los obliga a virar hacia la economía de energías alternativas, la no contaminación de las aguas y a detener la deforestación cuyos mayores depredadores de los bosques son los poderosos que, en función de sus intereses personales, no entienden los graves riesgos del calentamiento global para la especie humana, la fauna y la flora.

Dicen los especialistas que debido a la disminución en el uso los combustibles fósiles por las cuarentenas las ciudades del mundo, ha mejorado ostensiblemente la capa de ozono y en los ecosistemas se están presentando menores niveles de contaminación de las aguas y la atmosfera. Ojalá esta pandemia abra los ojos de quienes por sus intereses políticos económicos y el consumismo, los han mantenido cerrados.

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