Miércoles, 29 Abril 2020 04:00 Escrito por DIÓGENES DÍAZ CARABALÍ
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Reflexiones de cuarentena (3)

 

Podría titular esta reflexión como “La dictadura de los bancos”. En realidad hoy los bancos gobiernan buena parte del mundo, donde el neoliberalismo juega su película de concentrador de riqueza en detrimento de la inmensa mayoría de la población. Disponen con autocrática autoridad sus normas en vista a que es el sistema financiero quien decide qué se produce, cómo se distribuye y hasta quien compra, en un mercado sujeto a sus designios. Lo anterior lo hacen a la vista de todos, pero subrepticiamente establecen el orden económico, disponen del flujo de capital, financian campañas electorales para imponer gobiernos que sostengan y sustenten sus intereses, ante todo para que estén prestos a subvención en caso de riesgo o debilidad, como ocurrió en los Estados Unidos en la década de los ochenta del siglo anterior, o como sucedió en Colombia en la década de los noventa.

Los bancos son inmutables, y hasta infalibles, pasan por encima de la Ley, su mercado es monopólico, usurero; en Colombia es el sector que más utilidades al año (89 billones en 2019) obtiene, sin que retribuya en nada a la sociedad, sus dueños figuran en los listados Forbes de los más ricos del mundo, tienen olvidada su función social empresarial. Esta historia dicotómica y desbordada se remonta a los gobiernos nefastos de Gaviria y Pastrana (hijo), quienes vendieron la banca oficial con la cédula de los compradores, en un detrimento sin precedentes del patrimonio público, con miras a apalancar el modelo. Hoy su condición camaleónica queda en evidencia en medio de la pandemia del Covid-19 cuando es el único sector que no aporta un céntimo a la crisis; al contrario, se aprovecha como medio conductor que el estado utiliza para que la economía no vaya al abismo.

Lo que sí sucede, como hecho evidente y real, es que el sistema financiero no produce riqueza. Éste es un principio de la Ley económica. Un hecho que sin duda hace revolcar a Keines en su tumba. Produce riqueza el trabajo. Por lo tanto es de mayor prioridad cubrir el empleo, proteger las empresas. Del trabajo también es sustento y respaldo el papel moneda, o el flujo monetario si se quiere hablar del dinero plástico y de otros mecanismos de transacción. Cuando el flujo del trabajo se desinfla los medios de intercambio pierden su valor; y si la crisis del Coronavirus se prolonga la falta de efectivo en manos de los consumidores, indefectiblemente, nos llevará a una depresión económica donde el papel de la banca se convertirá en un instrumento invisible. Es lo que el gobierno de Duque, fiel al modelo, trata de impedir, pero el rebote puede ser catastrófico cuando intenta que funcionen los sectores económicos que mayormente utilizan el sector financiero, las manufacturas y la construcción, con el riesgo de que no midamos la crisis en pérdidas económicas, sino en cantidad de muertos por el sinnúmero de personas expuestas al contagio del virus.

Cuanto diéramos para que las ignorantes y facilistas afirmaciones de María Fernanda Cabal, representante del más rancio fascismo criollo, en el sentido de que “nos han vendido un pánico absurdo” fueran acertadas. Diríamos que la visión dialéctica del modelo neoliberal son un desacierto.

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