Miércoles, 22 Abril 2020 16:21 Escrito por DIÓGENES DÍAZ CARABALÍ
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Meditaciones de cuarentena (2)

                                   

Juan Rulfo era un hombre supremamente tímido, pese al prestigio que adquirió posterior a la publicación de su novela “Pedro Páramo”.  Para muestra su negativa a conceder entrevistas, unas pocas dadas a medios de primer orden cuyas respuestas parcas están cargadas de monosílabos, el entrevistador tenía que completar sus frases, más bien para dar cumplimiento a compromisos con los editores en afán de venta de sus libros, dos, al final, que lo convirtieron en uno de los escritores más importantes del mundo, para mí el más importante de la lengua castellana de su generación. Igual, García Márquez, aunque más locuaz como hombre de bohemia, se negaba también a conceder entrevistas si previamente no atendían a un cuestionario, al que se ceñía con estricto entorno caligráfico.

Viene la pregunta meditativa: ¿por qué dos iluminarias del pasadizo literario y del pensamiento latinoamericano mostraban tanta inseguridad y nerviosismo ante las cámaras o un micrófono abierto? Eran sin duda autoridad en los temas más intrincados, de una vastísima cultura, con una inmensa capacidad de observar el detalle, dotados de ojo microscópico, de gran propiedad cultural como para que demostraran tanta inseguridad en sus afirmaciones. Alguien afirma que la inseguridad es alimento de la soberbia, y, en efecto, su temor, su nerviosismo por emitir una respuesta pudo estar afincado en el miedo a equivocarse, lujo que solo pueden darse los políticos, o sus pares los prestidigitadores o publicistas del futuro feliz encarnados en vendedores de falsa felicidad religiosa.

¿Temían equivocarse? En definitiva, era mejor leerlos. Más allá de sus textos no tenían qué decir; sus entrevistas era el lucimiento del entrevistador para sacar palabras con ganzúa; para dejar al escucha con la frustración de ver a su autor preferido en la posición de no saber qué decir de su obra. Le preguntan a Rulfo: ¿”Pedro Páramo, es un libro difícil? Si, responde. Es difícil a propósito (entrevista a RTVE. 1967) Y miren la respuesta de Gabo frente a la pregunta ¿por qué los lectores del “Otoño del Patriarca” no pasan de la primera parte? No tiene primera parte, responde: Es un libro para leer en el futuro (entrevista a Germán Castro Caicedo. 1974). Cualquier comerciante de libros los hubiera matado.

Rulfo, un hombre sufrido, a pesar de su formación no pasa de cargos sin importancia. Enfrentado a las cámaras con rostro de terror, se podía decir que temblaba, algo disimulado con un cigarrillo encendido; fue el hombre que no quiso, o no pudo, volver a escribir después de “Pedro Páramo”. Anunció su novela “Cordillera” en cada entrevista con el ansia de los entrevistadores de ver su próximo libro, que nunca llegó a los editores. O tan malo como la primera novela que autodestruyó con su propio juicio de que no servía para nada. Algo tiene que ver su personalidad huraña; su, si me importa lo que digan los críticos, y, tal vez, por ese temor soberbio, nos legó un único libro con el cuál, sin saberlo, pudo morir tranquilo, pero nos dejó un retraimiento en esa mirada perdida y esas manos temblorosas de su propia inseguridad.

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