Lunes, 21 Mayo 2018 00:00 Escrito por
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La naturaleza es una cantera de ejemplos de apego a la vida, de lucha por la supervivencia, de ciclos que le permiten avanzar, incluso en ocasiones dando marcha atrás para dar saltos cualitativos enormes que mejoran sus organismos; algo similar ocurre con las sociedades que terminan convirtiéndose en la forma más acabada de la materia, el modo en que ella cobra conciencia de sí misma y adquiere la capacidad de transformarse a su antojo , para mejorar o empeorar según el arreglo que disponga la humanidad.

El ciclo del salmón es un buen ejemplo,  lucha subiendo el rio contra la corriente hasta encontrar el lugar de desove donde pondrá los huevos, de los que brotaran los alevinos que prolongaran la especie, el esfuerzo garantiza su existencia y evita la extinción.

Colombia desde el siglo pasado se sumió en dos extremos que consideran que solo uno de ellos puede existir; uno bajo la premisa de que todo debe continuar como está, así la realidad muestre que funciona mal porque condena a millones a una condición de vida miserable y  otra que aprovechando las inequidades de lo existente, aboga por un cambio drástico, arrasando con todo como si la historia partiera de cero y hubiera que desechar los cimientos sobre los que se construyeron las comunidades; ambos han acudido a la violencia para dirimir sus contradicciones, ocasionando dolor y desconfianza. En medio de esa pugnacidad, diversas expresiones democráticas surgidas de ambas orillas, han procurado abrirse paso y en la coyuntura del proceso de paz, que sin duda contribuye a silenciar miles de fusiles, han logrado que su voz comience a escucharse; la Coalición Colombia  es tal vez la más visible y clara de todas, porque entendió que un pueblo solo es capaz de dar los pasos en la dirección correcta, si logra encontrar motivos trascendentes para unirse y a propuesto la educación, un instrumento forjado por las sociedades para transmitir de generación en generación los valores y los conocimientos acumulados, en el complejo proceso de servirse de la tierra para garantizar la conservación de la especie; Sergio Fajardo encarna con su propuesta la aspiración legítima de millones de encontrar un lugar digno  en esta bella Nación, sin menospreciar las miradas de otros, es un esfuerzo como el del salmón, por nadar contra la corriente que confiamos logre frutos el 27 de mayo en las urnas dándole a los Colombianos una razón para aferrarse a la fuerza de la esperanza.

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