Martes, 31 Marzo 2020 05:23 Escrito por GABRIEL CALDERON MOLINA
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La plaga de la langosta y el coronavirus

 

La pandemia que ahora azota a la especie humana y la crisis que parece cernirse sobre la economía mundial, me ha traído a la memoria lo que contaban mis abuelos sobre lo que fue la plaga de la langosta que azoto a Colombia y que avanzó a lo largo del río Magdalena en 1914, desde el norte del país hasta el páramo de las Papas en donde se extinguió como consecuencia del frío.

De acuerdo con la descripción que hago de su recorrido en mi libro Memorias de la Montaña (pág. 67 y 68), las langostas avanzaban a la manera de un ejército, siguiendo un inteligente proceso de movimientos según la edad, la capacidad, valor y experiencia haciendo  de ellas una de las especies animales  más destructoras de cuantas se conocen. Decían mis antepasados que cuando alzaban vuelo  por las mañanas, que eran por millones, ensombrecían el sol y que el ruido de su aleteo era estremecedor. La langosta durante el tiempo que pasó por Pitalito causó terror entre los campesinos porque se comportaban como una máquina de comer. Con excepción de las plantas de ahuyama, se comía toda la vegetación y las plantaciones agrícolas y potreros dejando casi en la ruina a los propietarios de fincas y apareceros, ocasionando hambruna y miseria. Gabriel García Márquez al referirse a los recuerdos de su abuelo escribió de esta plaga  en su libro  “ Vivir  para Contarla”  (2002) “Se oían pasar como viento de piedras”.

A las langostas nada las detenía, ni el fuego ni las fosas que cavaban los campesinos para detener su avance. Tenían un elevado sentido de cooperación entre sí, por eso quienes la han investigado la presentan como un ejemplo digno de imitar, pues careciendo de líder, nunca pierden su unidad ni su objetivo; la cooperación, la disciplina y la solidaridad es algo instintivo en todos los niveles, fases y metas para asegurar la comida, procrearse y garantizar la supervivencia, enseñanza que en estos tiempos del Covid-19 no aplicamos los colombianos, por lo cual estamos en grave riesgo de que nuestro país colapse.

El paso de la angosta por Pitalito dejó una historia curiosa. La única finca que no tocó fue la que tenía en la vereda de El Rincón de Contador, Drigelio Quigua de quien decía que tenía pacto con el diablo por los sucesos inverosímiles que le sucedían, empezando porque como jugador de naipe nunca perdía una partida por lo cual muchos esquivaban jugar con él. De los sucesos inexplicables de su vida, incluida su forma extraña de morir, muchos de mis familiares fueron testigos. Cuando la langosta pasó por su finca sin producirle daño alguno, la gente fortaleció su creencia en que tenía pacto con el diablo. Con el Covid -19 los pactos con el diablo no funcionan porque está visto que esta pandemia no discrimina.

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