Viernes, 20 Marzo 2020 23:36 Escrito por DIÓGENES DÍAZ CARABALÍ
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Elecciones desiertas

  

Lo que menos debería pasar, frente a los escándalos de la compra de votos en la elección del actual presidente, es que las declararan desiertas. Lo ha dicho un magistrado del Consejo Nacional Electoral: “La compra de votos es un acto que no se mide por la cantidad. Si hubo compra de un solo voto, la elección es ilegal y debe declararse desierta.” Esperamos, frente a los testimonios que confirman la compra votos para Iván Duque, que la autoridad electoral ponga en aviso un precedente tan radical, como sancionar y dirigir la mirada hacia una nueva elección, que la Constitución y la Ley prevé.

De por sí, frente al tamaño de los escándalos, hace ilegítimo el mandato del actual presidente; desde luego nadie espera, que en un acto de grandeza, poca grandeza queda, que renuncie. Sería ideal por respeto a la patria, por respeto a los electores. Queda en evidencia que las mafias electorales, no solo de la costa, han elegido presidente, no de ahora: desde 1998 cuando el cartel de Cali financió la campaña de Ernesto Samper; está comprobado que la primera elección de Uribe fue lograda gracias al dinero y el miedo que “aportaron” los paramilitares y los capos de la droga, y que en su segunda elección intervinieron las dádivas de dinero y puestos para conseguir que el Congreso aprobara su reelección. Es de igual manera evidente que Odebrecht y Sarmiento Angulo habrían aportado recursos para las elecciones de 2010 y 2014 a las campañas de Santos y del uribismo.

Parece derrumbarse el blindaje, más conocido como tape y tape que el uribismo ha montado. Sus mismos amigos son quienes ponen al descubierto la inmensa red de corrupción tejida para lograr la elección presidencial y del congreso. No alcanza la lona puesta por los fiscales para cubrir algo evidente. Lo que sabe la ex-congresista Merlano, y lo que puso en evidencia las interceptaciones al “ñeñe”, da para que más de un deshonesto pare en la cárcel. Y no puede suceder que los elegidos mediante fraude queden estacionados en las mieles del poder como le sucedió a Uribe, donde los sacrificados fueron quienes menos tenían que ver con el asunto. Yidis Medina apenas fue un desafortunado instrumento del diabólico plan de refundar el país, concebido desde la derecha fascista que utiliza el asesinato, el robo, la trampa como instrumentos políticos para sus nefastos planes.

Un solo acto de grandeza pide la gente decente de este país, porque muchos aplauden como legítimas las triquiñuelas de los mafiosos nacionales, consistente en poner en orden el régimen constitucional vapuleado hoy, en detrimento de la legalidad nacional: que las autoridad que corresponda apunte en la dirección correcta; que sancione a los delincuentes electorales, sea quien sea. Que vengan las sanciones sobre los legítimos culpables, para acabar de una vez por todas con ese país nefasto que nos quieren hacer ver como el único posible. Que rescate la dignidad de la nación para terminar con la noche nefasta del mandato de las mafias del narcotráfico y el paramilitarismo, que al final son la misma cosa.

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