Miércoles, 25 Abril 2018 00:00 Escrito por
Valora este artículo
(0 votos)

 

Como nada es perfecto, me atrevo a decir que el candidato ideal para que gobierne a Colombia es la combinación de los seis inscritos y que aspiran a convertirse en presidente de Colombia. Sin duda, la juventud de Iván Duque es importante porque interpreta a la mayoría que constituye nuestra población, aunque muchos de sus críticos dicen que sus propuestas, principalmente económicas, son de corte feudal, y que su gobierno sería un retroceso, porque no es el mismo tiempo de cuando gobernó su mentor Álvaro Uribe.

Esa juventud, combinada con la pasión de Gustavo Petro por una Colombia más equitativa, es, sin lugar a dudas, la mayor aspiración de cualquier colombiano normal, aunque a Petro se le critica su carácter caudillista con que asume decisiones políticas, lo que sería un riesgo para la institucionalidad democrática. Tienen sus propuestas mucha ambición, en especial frente a los sectores más pobres que lo ponen en contraposición al poder económico tradicional ambicioso, que no escatima maneras de echar mano para conservar sus privilegios y los monopolios.

La fe de Vivian Morales es importante a la hora de construir una sociedad respetuosa de la ética y de la moral, aunque su discurso es sectario, en detrimento de la libertad religiosa y los derechos de las libertades sexuales de unas minorías. Todo lo circunscribe a la fe, y las propuestas económicas quedan de lado, en un país de tanta fragilidad productiva, al que se le quiso imponer un modelo por fuera de su vocación y su potencialidad, en detrimento de su medio ambiente.

Sergio Fajardo tiene un concepto de la forma de gobernar que se fundamenta en la honestidad, cualidad superior para un gobernante, donde el principio más importante es que no todo vale. Dirigiría al país por un sendero de la cultura ciudadana, la responsabilidad moral del gasto público, la decencia en el desempeño de los actos de gobierno. Pero no son claras sus propuestas frente al desarrollo, frente al manejo económico, frente a las políticas públicas y las contradicciones sociales origen de la violencia. Es el más etéreo de los candidatos, por lo tanto no mueve la voluntad popular.

Sumarle la madurez de Humberto de la Calle, un hombre que se jugó su capital político para lograr un acuerdo de paz con la guerrilla más importante y antigua del país. Está marcado por el acompañamiento de un partido totalmente desintegrado y, un jefe político con el mayor desprestigio, a quien se le endosa fallas profundas en lo económico y en la seguridad social por promover la apertura económica y la mentada Ley 100 de corte uribista. Y la capacidad de Vargas Lleras, un excelente ejecutor de políticas públicas, pero quien siempre ha estado rodeado de personajes que lindan con la violación al código penal, principalmente en la costa, con nombres nefastos. Y porque representa el poder económico, y heredaría toda la parafernalia de las medidas timoratas del actual mandatario.

En resumen todos los candidatos tienen sus cualidades y defectos, y como no se puede fundir en uno los aspectos positivos de cada uno, queda, con suma responsabilidad, escoger a quien consideremos el mejor, para que le vaya bien al país, que es lo más importante.

Visto 323 veces

Deja un comentario

Asegúrese de introducir toda la información requerida, indicada por un asterisco (*). No se permite código HTML.