Domingo, 16 Febrero 2020 21:42 Escrito por LIBARDO GÓMEZ SÁNCHEZ
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Un mundo por arreglar

Las últimas semanas han generado múltiples noticias internas y foráneas con mensajes cruzados. En los Estados Unidos arranco en serio la campaña electoral, para definir quién será el próximo presidente de los norteamericanos, proceso en el que su primera etapa define los candidatos de los dos partidos en el poder; el partido republicano tiene claro que el candidato será el actual presidente que persigue su reelección; por el contrario el panorama en el partido demócrata está lleno de nubarrones, porque la lista de precandidatos es larga, pero no parece que pudiera esperarse de alguno de ellos un candidato sólido para enfrentar a Trump; por otro lado aunque la tormenta de las diferencias comerciales con China amainaron por un acuerdo suscrito entre las partes, las contradicciones se mantienen vivas y aparece un nuevo elemento perturbador: el coronavirus, una enfermedad respiratoria infecciosa agresiva, a la que aún no se sabe cómo contener, que ha obligado al mundo a reducir el contacto con el gigante asiático y ya genera repercusiones económicas de enormes dimensiones. Los alicaídos mercados continúan en cuidados intensivos y las perspectivas son a la baja.

En nuestro patio, las razones del descontento de la población se mantienen y la respuesta del gobierno, ha sido insistir en profundizar las medidas a las que se oponen los manifestantes; esto en medio del sainete montado por cuenta de la fugada Aida Merlano, a la que pocos deseos de traer tiene el gobierno dada las implicaciones que sus declaraciones tendría para connotadas personalidades del establecimiento y para lo cual le solicita su extradición a quien no se la puede entregar; sumada a la confesión de boca del Comandante del ejército que expresó sus condolencias a la familia de Popeye un convicto sicario con nexos con el paramilitarismo.

Todas manifestaciones, afuera y adentro, de la descomposición creciente de un modelo de sociedad excluyente, que propicia el uso de los más bajos instintos de quienes se han encaramado en el control del Estado, porque lo convirtieron en el instrumento de la satisfacción de sus ambiciones y en el yunque contra sus contradictores; sin embargo, como no hay mal que dure mil años ni cuerpo que lo resista, los pueblos mantendrán la tónica de reclamar y movilizarse, a pesar  de los desafueros de las fuerzas de seguridad del gobierno y de los actos demenciales de quienes persisten en la violencia a nombre del pueblo que dicen representar y al único que sus acciones terminan afectando de verdad.

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