Domingo, 16 Febrero 2020 21:12 Escrito por MIGUEL RODRIGUEZ HORTÚA
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Orfandad de poder   

El pasado 31 de diciembre terminó un mandato más de alcaldes y gobernadores, que en su mayoría dejaron un sin sabor en la muchedumbre y expresamente en sus propios electores.

La mayoría de estos personajes, hoy ex alcaldes y ex gobernadores, con escasas excepciones, cuando llegaron el poder desde su primer día de mandato, rodeados de un cartel de malhechores se dedicaron a mirar: cuanto es el presupuesto a manejar año por año, y cuanto se podían robar, sin importar en absoluto que hay un pueblo colmado de necesidades, que fue el que los eligió.

Fue tanto su cinismo que en varios casos le entregaron la mitad o más del poder a marcados políticos con la máxima fama de corrupción, sin importar que su bandera de campaña fue la de salvaguardar la riqueza del erario público. En complemento a lo anterior importaron de otros municipios y departamentos a funcionarios y contratistas, menospreciando a nuestros profesionales y a la empresa local.

La mayoría de la gente elige a sus gobernantes pensando sana o ingenuamente que estos se dedicarán a gobernar, pensando en el desarrollo social y económico de su territorio. Otros aspiran al puesto o al contrato, aspiraciones que son válidas en un país como el nuestro de economía de mercado y con tantas necesidades insatisfechas. Es ahí en donde se mide el humanismo, elitismo o exclusivismo del gobernante de turno. ¿Y porque no decir: también su salvajismo?

Gran parte de estos ex, no todos, hoy están perdidos del escenario social y político, cuidando su abultado patrimonio, e incluso pensando en pescar en río revuelto ante la crisis del Gobierno Nacional, que de rebote les regale un ministerio, o algo grande en donde puedan volver a echarle mano al recurso público.

Lo cierto es que por más dinero y propiedades suntuosas que muchos hoy ostenten, gran parte de la gente, más que mirarlos como héroes  los mira como villanos. Su mandato ha terminado. Son contadas las llamadas de Celular y mensajes de WhatsApp que a diario reciben. Se desvaneció el clan de elogios y lamboneria. En su próximo cumpleaños no habrán grandes “colas” esperando a darle el abrazo, el beso y el regalo pomposo como: lociones y billeteras de marca, y si es hombre hasta invitación al motel.

Los personajes a los que hago referencia en esta columna de opinión, hoy sufren de una terrible enfermedad que se llama: orfandad de… poder.

Contacto a: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

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