Miércoles, 12 Febrero 2020 07:22 Escrito por DIOGENES DIAZ CARABALÍ
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¿Miente la Merlano?

 

En la calle, con socarrona sonrisa, saben que la Merlano ha dicho en Venezuela lo que todo el mundo sabe en Colombia: que aquí para todo cargo de elección popular se utiliza la compra y venta indiscriminada de votos, costumbre introducida por Turbay Ayala y copiada por todos los dirigentes políticos, incluso los de izquierda. Los únicos que no se han enterado de ese comercio electoral son las autoridades, así como no se enteraron del tráfico de drogas; lo hicieron cuando poderosas mafias habían permeado totalmente a nuestra sociedad.

¿Cómo se explica un simple mortal que para elegirse concejal del pueblo más  miserable, un candidato tenga que gastar cifras por encima de los cincuenta millones? Ni siquiera tiene que plantear ideas, hacer reuniones, contratar publicidad, dar entrevistas… basta repartir el dinero entre personas con algún liderazgo que le capten los votos necesarios y ya está electo. Los costos dependen de la oferta y la demanda; es mercado burdo del mejor postor; gana quien mayores posibilidades de “inversión” tenga; lo extraño es que esas microempresas electorales nunca pierden porque atrás hay una solidaridad como de “género” que los hace solidarios; quien gana de alguna manera retribuye al derrotado siempre a costas del erario público.

La alcaldía de un pueblo cualquiera está por encima de los quinientos millones (de pesos). Una elección a diputado la costean sobre los doscientos millones. Un representante a la cámara se gasta más de mil millones. Un senador anda por los dos mil millones. Un gobernador por los mil quinientos millones. La respuesta que todos sabemos es que “si le pega” tiene su cuarto de hora, la empresa electoral echará para arriba, la inversión será recuperada con la venta de cargos oficiales, contratos y coimas. Estarán los cuatro años chantajeando al ejecutivo, pero además el ejecutivo lo sabe: “si no funciona, no habrá proyectos aprobados”. Es una regla nefasta que opera en todos los niveles: todos los cargos del estado, desde el nivel ejecutivo hasta un aseador, tiene su precio, sino se contrata con empresas de papel que pagan su CVY. Hay que pagar por él. Eso también lo sabe todo el mundo, y en el corro político se ve como actos normales.

De eso habló la Merlano en Venezuela ante la justicia de Maduro, nada extraño para la zoología nacional de Colombia, una política afincada en las mafias de mayor a menor, donde la solidaridad es el común denominador para afincar una clase parásita que vive y se enriquece a costa de administrar los aportes de los ciudadanos, la mayoría indiferentes, porque creen que esa actividad en nada los afecta. Nada nuevo dijo la Merlano, como para que los Gerlein, los Char, los Uribe, los Duque vengan ahora a rasgarse sus trajes y corbatas.

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