Lunes, 02 Abril 2018 00:00 Escrito por
Valora este artículo
(0 votos)

No cabe duda que este es un país muy complejo, transcurrida la semana Santa que tuvo numeroso público para las iglesias y  para los centros de diversión, nos preguntamos que quieren los colombianos para los próximos cuatro años. En medio de una escalada de noticias de desastres ambientales, como el fatídico derrame de petróleo del pozo Lizama; de nuevos asesinatos de líderes sociales comprometidos con reclamos de diferentes comunidades; cifras que confirman los resultados negativos de la economía, una tasa de desempleo cercana al 11% según la metodología oficial que oculta otro tanto de economía informal; nuevas denuncias de casos aterradores de corrupción con los recursos públicos y una campaña electoral en la que priman los epítetos y las mentiras, con tal de desacreditar al contradictor y un electorado acrítico, desentendido de las propuestas de los candidatos, que constituyen el insumo básico para entender, cuál es el camino  por el que pretenden conducir nuestro futuro inmediato.

En los corrillos a diario se escuchan quejas por la falta de trabajo y oportunidades, maldiciones por el pésimo servicio de salud, lamentaciones por el precario nivel de la educación pública y privada, decepción por la descomposición de los órganos institucionales que no contribuyen al bienestar general y por el contrario agravan las desigualdades; sin embargo, la respuesta de las mayorías es darle la espalda a los procesos que definen las políticas y los gobernantes o incluso mantener a los mismos, con el argumento del temor  a los cambios.

Las encuestas  hoy  las lideran quienes encarnan dos opciones que se presentan como opuestas y que paradójicamente se encuentran, porque coinciden en ofrecer un país que excluye al contrario; resolver los innumerables problemas que nos aquejan requiere del concurso de las mayorías, de aquellos que independientemente de su credo político o religioso, tengan la capacidad de liderar procesos que construyan país, dentro del marco de una política de soberanía e independencia, que comprenda que los capitales extranjeros sirven siempre y cuando no trunquen ni  sustituyan la iniciativa nacional; que la naturaleza es un bien preciado que hay que intervenir, porque se requiere y porque es la única forma de conocerla para tratarla mejor, así como es necesario ir al espacio para apropiarnos de él; solo altísimos niveles del conocimiento nos permitirán resolver con acierto las expectativas de nuestra nación diversa, sin copiar las formulas propuestas por otros diseñadas en contextos y situaciones diferentes;  sin los apasionamientos del pasado podremos escoger mejor lo que nos conviene a todos.

Escriba en esta página su comentario u opinión

Visto 337 veces

Deja un comentario

Asegúrese de introducir toda la información requerida, indicada por un asterisco (*). No se permite código HTML.