Sábado, 24 Marzo 2018 00:00 Escrito por
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El 21 de marzo, es el día mundial de la poesía, se suele felicitar a los poetas, seres locos que por lo general van con un libro bajo el brazo balbuceando palabras, engañitados con un verso para clavarlo en el centro de una hoja en blanco, y después exhibirlo como un trofeo esquivo. Es también el día de la música colombiana, venida a menos por arte y memoria de los publicistas y negociadores que la sepultaron a cambio de otros ritmos-mercancía que no nos pertenecen, que no nos identifican, pero calados hasta la médula por nuestros conflictos, por el constructo de una mentalidad alinderada con la subterraneidad. Igual, es el día de quienes padecen síndrome de down, personas especiales y tiernas tantas veces discriminadas, tantas veces violentadas, tantas veces arrinconadas en su miseria sin posibilidades, sin asomo de valorar sus cualidades.

Es decir, este miércoles, fue el día de los días, la poesía cenicienta en un mundo superficial, lleno de frivolidad, que no quiere saber de la profundidad de un poema, menos que afloren sentimientos, porque por alguna razón, en un mundo donde todo se compra y se vende, hay que fingir: hay que fingir riqueza, potencialidad, sobradez, técnica, mecanización; nada que permita un asomo de fragilidad, de ternura, de ansiedad; todo lo llena los objetos, la obsolescencia, el prestigio; entonces, en se ambiente desértico y maloliente, la poesía no tiene cabida, desestimula la avidez de consumo. Y como la música colombiana está tan ligada a la poesía, esos bambucos que cuentas amores y tragedias, esos joropos que ponen en visión la rebeldía, esos torbellinos que describen el llanto de seres que sufren, esa cumbia que perdura el signo negro de arrastrar cadenas, ese vallenato viejo que describe la cotidiana lucha en la sabana, esa etc. de nuestra música que campea en los ríos y las montañas y que asalta las ciudades de nuestra nacionalidad, tiene la justa medida subversiva que obliga a tirarla a la basura. Y los seres con Sindrome de Down, esos seres divinos hijos de las estrellas, hechos con suma contemplación el octavo día cuando Dios había descansado, seres especiales de inteligencia superior, de imaginación de ensueño, seres hermosos que despiertan la ternura y dan compañía sempiterna a muchas madres abandonadas de la suerte, del destino y de sus hombres, los hace particularmente bellos, particularmente espirituales.

No es coincidencia, entonces, que se junte la celebración de estos días. Tres seres sustantivados que representan un universo como un imponderable. Los tres reúnen la belleza tantas veces despreciada, elementos arrinconados por un mundo al que parecen no pertenecer, pero que están ahí, como herencia, como tributo de los que somos: seres imperfectos que viajamos en una galaxia, a velocidad impresionante, para desplazarnos por el universo, hasta cuando se produzca un nuevo estallido, porque venimos del choque de dos agujeros negros.

Discusión: Cómo creer en las encuestas si la muestra son mil quinientos encuestados, de una población que supera los treinta y seis millones. El margen de error es abismal: es decir que si el primer aspirante tiene el 40%, y el segundo, 27%, hay un empate técnico. Además de los sesgos del interesado por mostrar lo de su conveniencia.

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