Martes, 17 Diciembre 2019 22:25
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Las nuevas religiones del neoliberalismo

 Escribe: DIOGENES DÍAZ CARABALÍ

Mi profesor de filosofía empresarial, en la maestría de finanzas, decía que el modelo, refiriéndose al neoliberalismo, tenía sus defectos, pero que no había otro mejor. La historia ha demostrado, no solo que tiene defectos, sino que es un sistema suicida para la cultura y la sociedad actual, tal como la conocemos.

 

Tiene sí mecanismos copantes que lo hacen ficticio, da la sensación de que es insalvable y el único medio de supervivencia para las naciones. Lo medios de comunicación, la prensa, son vehículos alienantes, sus defensores, se han encargado de poner el modelo como la única panacea, la única forma de vida insalvable. Sus organismos, el FMI y la banca multilateral, le sirven y lo sustentan, pero se equivocan de cabo a rabo. Una cúpula diseminada por todos los países se enriquece con exageración, conllevando a la inmensa población a la miseria porque las migajas que caen de su mesa no alcanzan para lograr el bienestar de la mayoría. Como apoyo, crea una ficción; un mundo irreal como en la película de su invento, “Hombres de negro”: quienes padecen su tiranía jamás lo notan, aceptan con resignación y clamores de engendro; un mal llamado “cristianismo” es el sustento de lo que parece inevitable por padecer.

 

Es la fotografía plasmada de Camacho en Bolivia, Bolsonaro en Brasil, y las sectas que abundan por toda Latinoamérica, creadas por salvadores en Estados Unidos, que domeñan y cazan incautos generalmente ignorantes, para asegurar esa verdad de a puño conque quieren imponer sus funestas políticas llenas de sectarismo, de violencia, de desdignificación del trabajo. Viene entonces el contrato por horas, la disminución de los salarios, la imposibilidad de acceso a una pensión, los servicios de salud y educación como negocio. Porque todo lo regula el mercado. Y lo peor es que ellos piensan que cumplen una misión sacrosanta llegando al colmo de hacerse llamar “Profetas”.

 

Falsos profetas, sin duda. Provocadores de una violencia sin precedentes, sustentan su discurso en la mentira, cuando buscan el exterminio físico de todo aquel que se oponga a sus intereses. O ¿cuántas víctimas deja en Colombia su desarrollismo? Vale revisar los efectos de las presas, El Quimbo, Hidroituango, las famosas locomotoras de Santos; la contaminación a los ríos con la  minería, lo nefasto de la explotación inmisericorde de los recursos del subsuelo, la deforestación indiscriminada, la concentración de la población en grandes ciudades mostradas como panaceas de modernidad y satisfacción humana.

 

Mientras tanto la miseria campea. El sistema no tiene fórmulas para ponerse del lado de quien sufre. Su orientación es esperar que evolucione por osmosis la economía, la política, la sociedad. Como son sociedades eminentemente individualistas, se padece un canibalismo es atroz. Sálvese quien pueda es la consigna. Y quien se oponga: sanciones económicas, miseria absoluta, desaparición de la faz de la tierra. Eso representa el nuevo fascismo encarnado en las nuevas religiones políticas que hoy nos venden como redención eterna.

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