Miércoles, 11 Diciembre 2019 17:45 Escrito por
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Las reivindicaciones

Escribe: DIOGENES DIAZ CARABALÍ

Después de unos días por fuera, por lo menos de los medios, me encuentro con las marchas generalizadas y con los índices más bajos que presidente alguno haya tenido en Colombia a año y pico de mandato. Desde luego nadie intenta tumbar al presidente. Sería por lo demás absurdo en una democracia. La intención es que atienda las pretensiones de la inmensa mayoría, que gobierne para lo que fue elegido, sin afectar la vida económica, social y política con su desgobierno que se palpa, debido a medidas en contravía con los principios universales de ecuanimidad, eficiencia y justicia.

 

Es que a menos de un año el país se encuentra en la incertidumbre. El estilo del presidente no ofrece confianza, menos cuando está rodeado por un partido tan cuestionado donde, por lo menos la inmensa mayoría, hacen apología al delito, creídos con derecho de pasar por encima de la Ley desde su director hasta el más sencillo de los funcionarios, con el argumento de que buscan impedir que el “Castro-chavismo”, o el “Foro de Sao Paulo” se tomen las instituciones, o la babosada de Pastrana de que Santos busca dar un golpe de estado, un expresidente que nadie atiende. El Centro Democrático es un mal partido de gobierno: gobierna solo, la mermelada era mala pero ellos se toman toda la burocracia para sus amigos, muchos incapaces, ineptos, con actitudes desleales y bandidezcas como la del expresidente del senado Ernesto Macías.

 

No es sino repasar algunos funcionarios: Pacho Santos declara haber mentido sobre Venezuela; el ministro Carrasquilla jamás ha aclarado su participación en los famosos Bonos de Agua; quien designara director de Memoria Historia es conocido por su incapacidad, su forma de torcer hechos históricos, y ahora el gobierno pretende nombrar de Fiscal General a una persona de oscura procedencia; tampoco al país se la ha aclarado la participación de los uribistas en el caso ODEBRECHT, con supuesto asesinato de testigos, y eso mina la confianza en los ciudadanos que no son tontos, tienen capacidad de análisis.

 

Los más adictos al presidente se jactan de haber ganado la presidencia con una votación histórica, y es cierto, pero muchos de esos electores ven hoy el comportamiento del gobierno con pesimismo. Sienten que el país está peor que antes del 7 de agosto de 2018, y la situación tiende a agravarse. Por lo demás, las reformas propuestas dan pie para pensar que el país viaja sin rumbo. Con un dólar por  las nubes, con las exportaciones en picada, con la producción alicaída, el poder adquisitivo se ha perdido, no es para menos que la gente proteste utilizando medios convencionales, pero también innovando con conciertos masivos, con poemas, con cacerolazos, ante lo que el gobierno padece de una sordera admirable.

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