Viernes, 08 Enero 2021 13:16 Escrito por
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La constancia vence

 

Los campeones con sus padres

Esa es la conclusión de una familia de deportistas de nacimiento, formados bajo los roles de padres comprometidos, convencidos de la capacidad de sus hijos para enfrentar retos, alegrías y sufrimientos.

Esa constancia la fundamentó Carlos Hermógenes Soto Rubiano junto a su esposa Esperanza Ruiz Rojas con sus dos hijos, Manuel Esteban y Juan José, al despertar en ellos el interés por el deporte del atletismo en la modalidad de marcha.

Son la prolongación deportiva de su padre Carlos y de sus tíos Vicente, Francisco (Pacho) y Hernando Soto Rubiano, quienes se destacaron en su época por la práctica y competición en el atletismo.

Reconocimiento en Pitalito

Carlos Soto (Carlitos) como cariñosamente lo llaman sus amigos y allegados, inculcó en sus pequeños ese amor por el deporte, como una forma de vida saludable, formándolos en principios y modales como personas de bien, que sean ejemplo de las nuevas promesas del deporte y de la juventud en general en el marco de una sociedad de grandes valores.

Desde muy chicos, primero Manuel Esteban y luego Juan José, debieron someterse a las frías madrugadas del Valle de Laboyos, para hacer ejercicios, entrenar y luego alistar el maletín de estudiantes para acudir a las primeras etapas de su formación académica.

Carlos y su esposa Esperanza tenían en mente que sus hijos alcanzarían peldaños importantes en esta disciplina, fijándose metas posibles de cumplir.

Carlos con Manel Esteban y Esperanza con Juan José

Pero en la medida que sus muchachos avanzaban en la preparación que les impartían, también las exigencias técnicas empezaban a aflorar y con ellas los costos de la utilería necesaria para la práctica de este deporte.

La pareja de esposos, haciendo grandes esfuerzos financieros, supieron en poco tiempo, que no podían abandonar el camino que habían emprendido para sacar adelante a sus dos hijos deportistas.

Las amistades deportivas de la familia Soto con dirigentes y entrenadores en Bogotá, facilitaron que Manuel Esteban fuera observado por el entrenador Luis Fernando Rozo Burbano (q.p.d) y lo enrolara en la Liga de Atletismo de Bogotá, donde poco a poco lo fue puliendo en los conceptos técnicos en la modalidad de la Marcha. Luego ese paso lo dio Juan José.

Es entonces cuando Carlos y  Esperanza empiezan a vivir su propio viacrucis para el sostenimiento del joven deportista en la capital de país.

Los hermanos Soto Ruiz

Difíciles momentos 

Decía Carlos en su momento: “Zapatillas que duran poco y cuestan mucho”. Vivienda, alimentos, complementos alimenticios, medicamentos, que fueron sufragados por sus mentores, que desde Pitalito hacían hasta lo imposible por no defraudar a su hijo. Al tiempo, seguían orientando y entrenando a Juan José que empezaba a mostrar grandes dotes en esta disciplina.

La familia Soto Ruiz, formados en los principios cristianos católicos, creyentes del Todopoderoso Dios del universo, rezaban y trabajaban, aplicando aquel adagio de que: ‘a Dios rogando y con el mazo dando’, para conseguir sufragar los altos costos de sostenimiento del hoy campeón de marcha de los juegos Bolivarianos en Cartagena.

 

En Cartagena tras el triunfo de Manuel Esteban

La satisfacción para los esposos Soto-Ruiz, se fue dando en la medida que sus hijos, con la misma constancia de sus padres, han ido consagrándose en este deporte. Han viajado para acompañarlos en las pruebas tanto nacionales como internacionales.

Su gran alegría fue apoyarlo en la prueba de los 20 kilómetros en los Olímpicos de Río donde ocupó el 9º lugar, por encima de encumbrados deportistas del orden mundial.

Lloraron de alegría en Cartagena cuando Manuel Esteban cruzó primero la meta para colgarse la medalla de oro.

Carlos y Esperanza son incondicionales hinchas de sus hijos y viajan a casi todas sus competencias, para desde la zona permitida, darles voces de apoyo y de dirección técnica.

Con el campeón bolivariano, las lágrimas por la emoción fueron evidentes

“Así como lloramos de alegría por los triunfos de nuestros hijos, también lloramos por el sufrimiento que han soportado y que nosotros compartimos”, dice Carlos Soto.

Así como Carlos y Esperanza no desmayaron para logran que los sueños de sus hijos se cumplan, ellos- Manuel Esteban y Juan José, trabajan con entusiasmo, con sacrificio, en procura de alcanzar los más altos peldaños en este deporte, sabiendo que gracias al esfuerzo de sus progenitores, hoy son consagrados deportistas con la fe puesta en lograr caros objetivos para gloria de Colombia, de Pitalito que los vio nacer.

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