Miércoles, 24 Junio 2020 21:27 Escrito por
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Un corazón limpio

¿Quién puede afirmar:   tengo puro el corazón?

 Desde el cielo el Señor contempla a los mortales,  para ver si hay alguien  que sea sensato y busque a Dios. Pero todos se han descarriado,  a una se han corrompido. No hay nadie que haga lo bueno;  ¡no hay uno solo!

Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios.

Yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza pecaminosa, nada bueno habita. Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. De hecho, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero.

Todos somos como gente impura; todos nuestros actos de justicia  son como trapos de inmundicia. Todos nos marchitamos como hojas: nuestras iniquidades nos arrastran como el viento.

 Pero la Escritura declara que todo el mundo es prisionero del pecado, para que mediante la fe en Jesucristo lo prometido se les conceda a los que creen. esto es, que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados y encargándonos a nosotros el mensaje de la reconciliación.

Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad.Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.

Pro.20:9   Sal.14.:2,3   Ro.8.8; 7:18,19   Is.64:6   Gal.3:22   II Co.5:19   I Jn.1:8,9

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