Miércoles, 06 Enero 2021 05:31 Escrito por
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He aquí, no se ha acortado la mano del SEÑOR para salvar; ni se ha endurecido su oído para oír

  

  En el día que invoqué, me respondiste; me hiciste valiente con fortaleza en mi alma.

   Todavía estaba yo hablando en oración, cuando Gabriel, el hombre a quien había visto en la visión al principio, se me acercó, estando yo muy cansado, como a la hora de la ofrenda de la tarde.

Pero tú, oh SEÑOR, no estés lejos; fuerza mía, apresúrate a socorrerme. No escondas tu rostro de mí; no rechaces con ira a tu siervo; tú has sido mi ayuda.

No me abandones ni me desampares, oh Dios de mi salvación.

¡Ah, Señor DIOS! He aquí, tú hiciste los cielos y la tierra con tu gran poder y con tu brazo extendido; nada es imposible para ti.

El cual nos libró de tan gran peligro de muerte y nos librará, y en quien hemos puesto nuestra esperanza de que El aún nos ha de librar.

Y no hará Dios justicia a sus escogidos, que claman a El día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles?

Os digo que pronto les hará justicia.   

Is.59:1   Sal.138:3   Dn.9:21   Sal.27:9; 22:19   Jer.32:17   II Co.1:10   Lc.18:7,8

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