Martes, 16 Julio 2019 00:00 Escrito por
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Al margen de toda estructura rigurosa de ensayo o columna periodística mediática, pero movido más por la singularidad del acontecimiento por evocar; entre ruidos de campana, sirenas, juegos pirotécnicos, trompetas, bombos, clarines, izadas del tricolor patrio, la fervorosa Acción de Gracias, entre alabanzas, celebridades y condecoraciones, en medio de vítores, aplausos y conciertos, el cacareado nacionalismo, el poder saqueador de las Transnacionales Corporativas, la invitación especial a la "Madre Patria" con encopetados monarcas, reyes, embajadores y gobernantes de otras latitudes, y el doble-moralista sentimiento patriótico alentado por la emotiva, delirante o fantasiosa retórica presidencial y aún en el marco de estos acostumbrados protocolos de galantería sin par, y, ante la innegable espiral de violencia, desesperanza, incertidumbre y pobreza, cual novia de insigne prosapia, en la antesala de su casamiento SE ALISTA muy pomposa, deslumbrante y ostentosa la espectacular Celebración Bicentenaria de la histórica Batalla de Boyacá con la que se sellaría el retumbante "Grito de Independencia", el cual desde ese entonces, sirvió de instrumento para ensordecer y despertar la ambición de la casta de ricos y criollos de ayer y al clan de oligarcas y poderosos aristócratas de hoy, para que el pueblo sumiso heredara del cruel invasor el atropello, la lengua, la religión y la cultura colonialista del viejo Continente. Del mismo modo, para negarnos a “conquistados" y "colonizados" el derecho a la dignidad, de pertenecer o reconocer nuestra identidad ancestral de origen, a la igualdad, la inclusión y al justo disfrute de los bienes y riqueza de la Colombia por volver a emancipar.

Parte del festín, el sainete y el derroche en marcha, ..."están los eventos del Bicentenario Independentista de Colombia", como en los tiempos de la distribución exclusiva y multimillonaria de las regalías del petróleo, "con apropiaciones presupuestales del Plan Nacional de Desarrollo, solamente para los únicos municipios incluidos en la Declaratoria de los beneficiarios de planes, programas y obras de desarrollo que hicieron parte de la Ruta Libertadora, histórica y patriótica, entre los que se cuentan: Arauca, Tame, Hato Corozal, Paz de Ariporo, Pore, Támara, Nunchía, Paya, Pisba, Labranzagrande, Socotá, Tasco, Pueblo Viejo, Socha, Beteitivá, Corrales, Tutazá, Belén, Lerinza, Santa Rosa de Viterbo, Tibasosa, Busbanzá, Floresta, Duitama, Paipa, Pantano de Vargas, Topaga, Toca, Chivatá, Soracá, Tunja, Puente de Boyacá, Ventaquemada, Villa Pinzón, Chocontá, Suesca, Gachancipá, Tocancipá, Chía y el Centro Histórico de Bogotá". (Del Diario El Espectador, julio 7/19, pág. 64.

Como era de esperarse, los demás municipios de Colombia, como si no tuviesen derecho a reclamar algún recurso extra, con fines también patrióticos o para resolver los problemas que nos afectan al sector educativo, la salud, la actividad agropecuaria, el agua, el saneamiento básico, el medio ambiente, la vivienda, las vías, el desempleo, la inseguridad, el narcotráfico y la violencia.

Es decir, estamos ante la modalidad sempiterna de exclusión promovida bajo el amparo y auspicio del gobierno de turno, emprendida ahora, a nombre del Bicentenario de la Batalla de Boyacá. Ojalá esta crítica y visión provincial le sirva al señor presidente para reorientar el reparto del Presupuesto Nacional y que lo asuma con criterio justo y equitativo sin el influjo clientelista de las empresas electorales regionales y sin recibir órdenes del partido de gobierno.

Si recurriéramos al concepto de historia, éste se refiere al compendio y registro de hechos del pasado protagonizados por unos actores con intereses claros al ocasionarlos, en tiempos definidos por el mandamiento imperial, en escenarios y contextos complejos para aportarlos como referentes a las generaciones futuras, a fin de seguir su ejemplo de lucha o en el peor de los males para repetirlos o caer en la indiferencia. Ya en el proceso pedagógico es cuando las condiciones sociales, económicas y políticas determinan el grado de multiplicación, reproducción, conservación o transformación de la realidad descrita.

De lo relacionado con el qué y el cómo enseñar un episodio de la historia, dependen en gran medida de la concepción clasista del docente, estimada en seguir, mantener o irradiar una actitud pasiva, mimetizada y mentirosa, cierta, humanista y participativa o de convertirse y reconocerse como un actor capaz de ayudar a transformar lo que siempre inescrupulosos historiadores al servicio de las élites, han envilecido, emblematizado, envalentonado y personalizado en "superhombres", "héroes" u "hombres de fuerza y pundonor".

Contrario a nuestro esperanzador destino, como si así lo mereciéramos, se impone como hoja de ruta aislarnos del pasado y el presente y de toda posibilidad constructora de convivencia y paz venideras. La hora actual nos exige, no el calor de una evocación sentimental para celebrar o festejar con el mejor vino o con bebidas extranjeras, la valentía de quienes nos dieron la primera libertad con sangre o el honor inmerecido de aquellos que nada han tenido que ver con este cruento pasado.

En principio, hoy nos asiste el deber de aproximarnos al ejercicio crítico de conmemorar estos primeros 200 años de genocidio, exterminio, explotación, dolor, miseria e infamia provocados por el látigo hispano y el neocolonial, no para reimplantar una nueva y larga etapa de sufrimiento, sino para buscar y adoptar creativa y legalmente los mecanismos especiales de castigo a sus perpetradores, alcanzar la reconciliación con las víctimas y en consecuencia, ponerle fin a tantas noches de insomnio y sueños prohibidos en nuestro territorio que nos garantice la convivencia y la estabilidad de una paz duradera.

Desde mucho antes y en la noche del 6, de todas maneras, querámoslo o no, la comedia ya está montada sobre los rieles del oportunismo como para correr el telón en el amanecer del 7 de agosto y aparentar con grandes anuncios, las soluciones a los graves padecimientos de las mayorías nacionales.

El fino y célebre formato servilista y conmemorativo en apariencia se ha confeccionado en los talleres industriales del cumplimiento, la fidelidad y del no disentimiento alguno que obligó a los fundadores de la "Patria Boba" y a los continuadores perpetuos de la república neogranadina, a seguir ejemplarmente las perversas enseñanzas del colonialismo hispano y en la hora actual a depender del vil y más grande agresor y proteccionista americano quien, aprovechándose luego de los resultados de la gesta burguesa y del rentable negocio de la invasión, pareciera que nos hubiesen condenado y plagado por otras centurias más al sometimiento, explotación, corrupción, marginalidad, exclusión, polarización, populismo moderno, confusión, crisis política y judicial, ingobernabilidad, demagogia, baja calidad de vida, transculturación y de nuevos conflictos decididos y trazados desde la concepción torcida del Estado de Opinión.

Por eso, en el amanecer de este Bicentenario Republicano, de ¿cuál independencia hablamos o si distraídos, por la partitura nacionalista, nos disponemos celebrar? o para los colombianos de consciencia ¿será más bien la oportunidad de un acontecimiento para repensar el nuevo rumbo que debe tomar nuestra patria, lejos de gobiernos despóticos, falsos defensores del Estado Social de Derecho o de aquellos pregoneros y mercaderes del retorno al odio, la indolencia, la intolerancia, la desgracia feroz o la ampliación profunda de la brecha entre ricos y pobres?

*Área de Ciencias Sociales Escuela Normal Superior de Pitalito Huila

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