Martes, 25 Agosto 2020 13:54 Escrito por
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De lo manual a lo virtual, las artesanías resisten

 

Los saberes de los oficios ancestrales que se transmiten de abuelo a padre y de padres a hijos están en peligro de desaparecer. Hoy, estos miles de hombres y mujeres de manera virtual procuran mantener vivos sus labores y luchan para que la pandemia por COVID-19 no los deje a ellos sin sustento y al país sin memoria. 

De acuerdo con el sistema de información estadístico de Artesanías de Colombia, en la actualidad el país cuenta con algo más de 33.000 artesanos, de estos el 49 % están reconocidos en condición de vulnerabilidad. Este es un sector altamente informal en el que la mayoría son mujeres (72 %) y un buen porcentaje corresponde a población indígena (31 %).  

Para tomarle la temperatura a este sector y sus problemáticas, Enlace Trece consultó a Ana María Fríes, gerente general de Artesanías de Colombia, que, durante la coyuntura, lanzó la campaña “Artesano estamos contigo”, logrado vincular a 16.407 de ellos a programas sociales del Gobierno y a un número más reducido a iniciativas como “Yo me quedo en mi negocio” y “Compra lo nuestro”.  

“La entidad hizo entrega de alrededor de 47 mil mercados en 21 departamentos y se alió con la Fundación Solidaridad por Colombia para recibir donaciones dirigidas a suplir las necesidades básicas del sector. Con la campaña “Compra lo nuestro”, incentivamos al país a comprar artesanías colombianas y de esta manera contribuimos a la generación de ingresos de los artesanos”.  

Y para conocer de primera mano la real problemática de los artesanos en nuestro país Enlace Trece hizo un recorrido virtual por diferentes regiones del país y llego hasta Sibundoy, en el Putumayo, extremo sur de Colombia, desde donde Eisen Ramos Jacanamejoy, del grupo artesanal Curarte define que “para hacer una artesanía se tiene en cuenta la inspiración de nuestro territorio, que se ve reflejado mediante la técnica artesanal y el producto final que plasma la historia de un pueblo, el sentimiento del artesano, la cosmovisión  y el pensamiento con el cual cobra vida”.  

La situación de los artesanos se agrava en la medida que no estaban preparados para enfrentar esta nueva realidad y les ha tocado explorar medios que para ellos eran extraños, como la internet o herramientas audiovisuales, pero no todos ellos tienen ese manejo diestro.  

Desde el extremo norte del país, Maicao, La Guajira; Valeria Pushaina, indígena Wayuu, del grupo artesanal KAI SIAA e Ilba Ávila, orgullosas de sus tradiciones ancestrales coinciden en que ninguna maquina podría reemplazar su legado milenario; “elaboramos mochilas de una sola hebra con su Kanas”, (tejido de figuras geométricas estilizadas), tradición adquirida según su historia por la araña o el wale´kerü. Las mochilas Wayuu de una hebra son artesanías raras de tejido fino; el proceso de elaboración puede tardar hasta 3 semanas. 

Además, nos conectamos a la población de Carlosama, Nariño, en las estribaciones del Gran Cumbal, con Flor Imbacuan, grupo artesanal Hajsù Etnomoda, así como con Graciela Cando del grupo artesanal Hilarte quienes a partir del tejido en guanga buscan la Resignificación de la cultura pasto: “nosotros a pesar de las dificultades que estamos pasando queremos enfrentar de la mejor manera esta situación, imaginando un mejor futuro y desde las redes sociales internacional nuestra marca, que nos permita la apertura de nuevos mercados”.  

Esta mirada por la Colombia profunda nos permite conocer que el 82.5% de los artesanos han manifestado que el ingreso promedio mensual de sus hogares, por la comercialización de artesanías, es inferior a un salario mínimo.  

El riesgo cultura de Colombia como país si por causa de la pandemia perdemos a sus artesanos, es que se acaban unos saberes que son patrimonio cultural de la nación.  

También, nos fuimos hasta el municipio de Paz de Ariporo, en el departamento del Casanare y allí encontramos a Hermes Romero, llanero tradicional, tejedor de campechanas, unas hamacas hechas en cuero crudo y nos contó su historia sobre este tradicional oficio.  

“Esta cuarentena nos llevó a pensar que somos fuertes y capaces de logar lo que somos y lo que seremos en el tiempo, en la historia y en la nuevas generación”, Graciela Cano.  

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